Casi 30 años después de su rodaje en 1981 Blade Runner —producción estadounidense dirigida por el británico Ridley Scott estrenada en junio del año siguiente— es un film que ha resistido el paso de tres décadas «sin despeinarse» y ha sido considerado por lo más granado de la crítica del género de la ciencia ficción una obra maestra en toda la extensión del término, por mucho que la Academia de Hollywood no pensara lo mismo al no concederle ningún galardón en los Óscar en 1982 (sólo mereció dos nominaciones el año de su estreno). Indudablemente, para la inmensa mayoría de los cinéfilos y buenos aficionados al género, muchos de los cuales seguramente deben haber perdido la cuenta de las veces que la han visto, Blade Runner no es una película más de ciencia ficción e incluso sobrepasa la tópica definición de «film de culto»: es «La película». Sin olvidar —claro está— a 2001, la obra maestra de Kubrik estrenada en 1968 y verdadero punto de inflexión de una nueva época para el séptimo arte.








Imágenes:
Fotogramas de escenas y fotografías de producción de Blade Runner (MattTrailer.com)
Cartel del estreno en Japón (julio de 1982)
Portada de la revista yugoslava Política Ilustrada (Belgrado, febrero de 1983)
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[Arte digital] ’2001′
El futuro ya no es lo que era
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Reproducido en Rebelión.org
[Versão brasileira do texto (portugués): 30 anos de Blade Runner (Paco Arnau / Ciudad futura • Vermelho)]
El guión de Blade Runner es un trabajo colectivo que está inspirado —aunque no basado sensu stricto— en la novela editada en 1968 (el mismo año en que se estrenó 2001) ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? («Do androids dream of electric sheep?» en su título original) de Philip Dick, escritor estadounidense que lamentablemente no pudo llegar a ver la película terminada; falleció apenas tres meses antes de junio de 1982, fecha del estreno de Blade Runner en las pantallas de EEUU.
La banda sonora es de Vangelis, el conocido y magistral compositor griego de música electrónica. Los escenarios y la ambientación están basados en los trabajos de la excelente generación de autores de cómic de los años 70 y 80, entre los que destaca Jean Giraud, dibujante francés reconocido internacionalmente por su sobrenombre ‘Moebius’ y uno de los principales autores de la revista gala de culto Métal hurtlant (Heavy Metal en su versión en otros países como España, Alemania, Gran Bretaña o EEUU).
Una película de contrastes
La estética, el vestuario y la ambientación de Blade Runner crearon tendencia y aun en nuestros días sigue pareciendo «moderna»… o postmoderna. Una mezcla explosiva de vintage, afterpunk y futurismo… Brillante arquitectura de vanguardia del siglo XXI sobre una capa «sedimentaria» de avejentados edificios de infraviviendas de principios del XX. Elegantes trajes y tocados que homenajean la moda de la década de 1940 junto a crestas y quincallería postpunkies. Sofisticados vehículos aeroterrestres esquivando masas de gente que sólo puede desplazarse a pie en una macro-conurbación sin transporte público… Todo ello embadurnado de una oscuridad brumosa provocada por la contaminación de pozos y refinerías que agotan las últimas reservas californianas de crudo en pleno suelo urbano de esta ciudad fundada por los españoles como Nuestra Señora de los Ángeles en 1781. Los detalles en el atrezzo y la decoración rozan la perfección.
Sin ninguna necesidad de recurrir al abuso de efectos especiales (oropel bajo el que se suele esconder la debilidad del argumento en la mayoría de las flojas películas que se estrenan en la actualidad), sólo con la profesionalidad y el buen hacer cinematográficos, Blade Runner consigue deslumbrarnos y sorprendernos escena tras escena.
La dirección de esta gran producción de la Warner estuvo a cargo, como hemos dicho al principio, del británico Ridley Scott (Inglaterra, 1937), un verdadero virtuoso y perfeccionista de la gran pantalla que no necesita carta de presentación y que también es el autor de películas tan imperecederas como ésta: Alien (1979, otra obra maestra de referencia obligada en el poco prolífico género de la ciencia ficción), Thelma & Louise (1991) o Gladiator (2000), entre otras.
A las órdenes de Scott actuó en Blade Runner un plantel de actores encabezado por un protagonista Harrison Ford en el papel de Rick Deckard (trabajo que supuso la consagración definitiva de Ford como estrella internacional) y el «holandés errante» Rutger Hauer, que borda el papel del líder de los androides replicantes Roy Batty; junto con otros de carreras más o menos irregulares: una joven y bellísima (rozando los cánones de la perfección) Sean Young en el papel de la glamourosa Rachael, la también joven y bella Daryl Hannah en el papel de la replicante Pris y Edward James Olmos, representando al misterioso, siniestro e intrigante detective Gaff del LAPD.

«He visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir». [Monólogo del androide Roy Batty en la que quizá sea la escena más conocida de ‘Blade Runner’]
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Un contexto social e ‘histórico’ verosímil porque hoy ya no parece de ciencia ficción
Sobre el argumento de Blade Runner no nos extenderemos. La acción se desarrolla en una oscura, caótica, depauperada y contaminada gran metrópolis californiana de Los Ángeles a finales de 2019 ó principios de 2020, centro de poder de grandes corporaciones privadas que se han convertido —suplantando al Estado— en dueñas y señoras de vidas (humanas o humanoides), haciendas y de todo cuanto acontece… Un futuro distópico o utopía perversa cuando se rodó la película a principios de la década de 1980 (la correlación de fuerzas económicas y sociales globales era a la sazón ciertamente distinta a la de hoy), pero más verosímil, menos distópico además de temporalmente cercano y en buena medida descriptivo del mundo actual.
Las ineficientes y hostiles pero lucrativas y omnipotentes grandes corporaciones privadas ya superan con holgura la mitad del producto interno bruto planetario así como el de muchos Estados del mundo, además de —en consecuencia— detentar el poder real en buena parte de ellos: las llamadas democracias occidentales y sus empobrecidos países satélites, ya sean vasallos o sometidos por la ocupación y la guerra, como venimos constatando día a día.
Dejando al margen que los avances en los campos científico y tecnológico que refleja el 2019 de Blade Runner en absoluto han llegado en nuestros días y es altamente improbable —al paso que vamos— que los veamos llegar en la próxima década, ese mundo depauperado cuyos designios dirigen oligopolios privados en manos de un puñado de desalmados desde sus atalayas de cristal opaco (que tan bien describe este film como ciencia ficción en la época de su rodaje), se parece mucho al mundo actual, en esta etapa de retrocesos sociales globales que comenzó a finales de los 80 y principios de los 90 con sendos acontecimientos históricos europeos de nefastas consecuencias para el planeta y nuestras generaciones.
Seguramente será por eso que Blade Runner no ha envejecido con el paso de prácticamente tres décadas desde su rodaje y estreno. Sin olvidar, claro está, su excelencia desde el punto de vista artístico, algo que no deja de sorprendernos por mucho que revisitemos esta obra maestra una y otra vez… Es por ello que, para terminar, dejamos una pregunta en el aire: ¿por qué ya no se hacen películas como ésta?
Texto: Paco Arnau / Ciudad futura








Y en eso estamos… Cada día que pasa parece más evidente que el gobierno del PSOE ya da por perdidas las próximas confrontaciones electorales y se apresura a marchas forzadas en lo que resta de Legislatura a imponer a base de decretazos y cabildeos parlamentarios con las fuerzas nacionalistas toda una panoplia de medidas antisociales, hasta el punto de que España se sitúa hoy en una dudosa vanguardia en Europa en cuanto a la aplicación de recetas ultraconservadoras y neoliberales, las mismas que provocaron que llegáramos a esta crisis. Los cables de Wikileaks no hacen sino confirmar y documentar que este gobierno no sólo gobierna en contra de los intereses de los trabajadores y de la mayoría de los ciudadanos, tambien se demuestra que algunos de sus más altos cargos centran su actividad en la obediencia sumisa a las consignas dictadas por una potencia extranjera… En este último caso en el que se han saltado a la torera varios preceptos fundamentales de ese papel mojado que es hoy la Constitución Española, sería bueno que además «quien corresponda» diera un repaso a lo que establece el Código Penal en relación con el grave delito de traición… ¿Pero qué pasa cuando «quien corresponda» también está al servicio de una potencia extranjera, como también se ha documentado en los cables filtrados por Wikileaks que hacen referencia a altos miembros de la Judicatura y hasta al mismo Fiscal General del Estado?…
Una estampa casi turística del bello entorno de la plataforma de lanzamiento del cohete H-IIB al borde del mar [en el tercio izquierdo de la foto] en las instalaciones del Centro Espacial Tanegashima (TNSC por sus siglas en inglés) de la Agencia espacial japonesa (JAXA). Tanegashima es el principal centro cosmonáutico de Japón y está ubicado en la isla homónima, situada 115 km al sur de Kyushu, la más meridional de las grandes islas de archipiélago nipón. [Foto: JAXA]

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