César e Irene Falcón: un matrimonio con compromiso

César Falcón (1892-1970) fundó junto a José Carlos Mariátegui el Partido Socialista Peruano. En 1919 ambos se vieron obligados a abandonar su país porque el periódico La Razón —que Falcón había fundado poco antes— publicó un artículo en el que definía a los miembros del Parlamento como personal senil y claudicante. Su viaje, rememorado por Irene Falcón, debió ser apasionante. Salieron hacia Nueva York donde encontraron a los estibadores portuarios de los docks neoyorkinos en huelga y luego arribaron a Alemania, en plena revolución espartaquista. A finales de 1919 llegaron al puerto de Le Havre y se dirigieron a París, donde permanecieron unas semanas antes de separarse. Mariátegui fue a Italia y Falcón se encaminó hacia Madrid. Antes de que el primero regresara a Perú, en 1920, ambos fundaron en Italia el Partido Comunista de Perú.

Afincado en España, hacia principios de 1920, empezó a remitir artículos a los diarios La Vanguardia de Barcelona y El Liberal de Bilbao, donde trabajaba como periodista y tenía gran influencia el líder socialista Indalecio Prieto, y a España, semanario dirigido por el también socialista vasco Luis Araquistáin. Viajó como corresponsal por la Europa de entreguerras, en la Alemania de los soviets espartaquistas, redactó crónicas desde las fábricas italianas ocupadas por los huelguistas y de la huelgas de los ferroviarios, se convirtió en un “intelectual comprometido”. A finales de 1923, cuando se encontraba en Alemania junto al entonces director de El Liberal Miguel Moya Ojanguren,este recibió la noticia de su destitución por el cambio editorial en consonancia con el del gobierno que giró a la derecha con la llegada del general Miguel Primo de Rivera al poder.

Recuerda su compañera Irene Falcón como, durante este periodo de la Dictadura primorriverista, César Falcón participaba en las diatribas entre Unamuno, Valle Inclán y Gabriela Mistral en el café del Ateneo de Madrid y en las tertulias de Ramón Gómez de la Serna en el café Pombo. El periódico El Sol, inspirado por el filósofo Ortega y financiado por el magnate papelero vasco Urgoiti, siguió una trayectoria inversa a El Liberal y de aplaudir la proclamación del dictador pasó a convertirse en crítico de la Dictadura. En él escribían lo que se consideraba la créme de la créme del republicanismo español: Ortega y Gasset, Fernando de los Ríos, Pérez de Ayala, Moreno Villa o Américo Castro; Margarita Nelken era la crítica de arte y el compositor comunista Bacarisse, el de música. En sus páginas no se publicaban noticias sobre toros y loterías con el fin de acabar con estos dos “vicios nacionales” (que hoy siguen, vivos e incuestionados, sobre todo el segundo).  Sigue leyendo