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El Imperio quema su última nave

Domingo, 10 julio 2011 Deja un comentario Go to comments

El Atlantis, el último transbordador espacial de EEUU (y por extensión su última nave espacial tripulada) ya ha partido de Cabo Cañaveral con cuatro astronautas con destino a la Estación Espacial Internacional (ISS). Quedan atrás tres décadas de historia de los shuttle y casi cinco décadas de presencia estadounidense en el espacio con medios propios…

Cofia del minitransbordador no tripulado del Pentágono X-37B (AV-012 OTV) en la rampa de lanzamiento. [Foto: Pat Corkery/United Launch Alliance]

A partir de aquí, es inevitable recurrir al tópico de que estamos en el inicio de una nueva era de la llamada carrera espacial en su conjunto histórico, en el borde de una línea roja que traza un antes y un después en la presencia humana en el espacio que se inició hace medio siglo con la hazaña soviética del vuelo de Yuri Gagarin. La Federación de Rusia, heredera tecnológica de la URSS, y la República Popular China, con tecnología también heredada de la URSS, son a partir de ahora las dos únicas potencias con capacidad real para enviar personas a nuestra órbita. Y la Federación de Rusia, la única con capacidad de enviar tripulaciones a la ISS, el único complejo orbital que asegura la presencia humana permanente en el espacio.

La denominada “carrera espacial” tripulada comenzó en 1961 y el pistoletazo de  salida lo dio la Unión Soviética. Durante prácticamente toda esa década, la otra superpotencia intentó responder a los retos pioneros de la URSS con mayor o menor fortuna (menor en la gran mayoría de los casos) hasta que EEUU emprendió el compromiso nacional de poner hombres en la Luna con el programa Apolo. Incluso antes de que terminaran los vuelos de las misiones Apolo, el interés en Estados Unidos por las misiones tripuladas al espacio empezó a languidecer. Aún en el supuesto de que no fuera así del todo, parecería que una vez cumplido el objetivo mediático de “adelantar” a los rivales de la superpotencia socialista en la carrera lunar, el interés de Washington y de sus poderosos medios de comunicación por la presencia humana en el espacio decayó de forma visible. Si a los hechos posteriores nos remitimos, esto fue así. El programa lunar Apolo languideció sin ni siquiera ser completado y estas naves de EEUU realizaron su última misión en 1975, la primera y única misión conjunta entre la URSS y EEUU, la ASTP (Apolo-Soyuz Test Project).

La URSS volvió a tomar la delantera en cuanto a la presencia humana permanente en el espacio durante tres lustros con programas de estaciones orbitales (Salyut, Mir) que no tuvieron rival. Se dibujaba desde mediados de la década de 1970 de nuevo un paisaje espacial parecido al de la década de 1960 tras un paréntesis excepcional de un lustro (1969-1974). Solo que esa vez no había respuesta temprana, ni mediático-propagandística ni real, por parte estadounidense en cuanto a estaciones orbitales (si exceptuamos la breve y fallida experiencia de la estación Skylab)… ni tampoco en cuanto a nuevas cápsulas tripuladas tras la cancelación de las Apolo (algo de lo que aún se deben arrepentir en la NASA). Desde mediados de los años 70, tanto EEUU como la URSS comenzaron a desarrollar sendos programas de transbordadores espaciales, un nuevo concepto de nave híbrida (carguero espacial y vehículo tripulado) con la vista puesta, en principio, en programas de defensa espacial al albur de uno de los momentos más calientes de la Guerra Fría: la década de 1980.

Guerra Fría y transbordadores espaciales

La llegada de los transbordadores coincidió con la toma del poder en Washington del sector más ultraconservador y anticomunista de la política estadounidense (Reagan y sucesores) y con un declive económico en la URSS que provocó a su vez una crisis política culminada a a finales de los 80 (Muro de Berlín) y principios de los 90 con la disolución del país y el empobrecimiento y la guerra en la que fuera antes su área de influencia continental europea. Ello tuvo como consecuencia la cancelación del programa Burán-Energía, un sistema de transporte tecnológicamente más avanzado que los shuttle y que posiblemente, de haber continuado, habría llegado hasta nuestros días sin los sobresaltos de los transbordadores estadounidenses, un sistema cuya fiabilidad pusieron en tela de juicio aterradoras cifras de astronautas muertos que han disparado esta triste estadística hasta la fecha.

Como antes avanzábamos, tras la cancelación del programa Apolo, la presencia humana en el espacio estuvo durante unos años prácticamente monopolizada por las estaciones espaciales de la URSS y sus naves Soyuz hasta que se lanzaron los primeros transbordadores espaciales de la NASA… Pero éstos, al margen de otras misiones como la puesta en órbita desde su bodega de satélites, no tenían adónde ir o dónde acoplarse… Así, tras la disolución de la URSS a finales de 1991 y el caos surgido de sus cenizas en una espectral imagen de la antigua superpotencia (una Rusia en la década de 1990 con una economía que no llegaba ni a la mitad del PIB de la Unión Soviética), los estadounidenses acuerdan con Rusia el programa de colaboración internacional Mir-Shuttle e inyectan dólares para mantener la gran estación orbital de diseño soviético. De hecho, la Mir, y antes las Salyut con el programa Intercosmos, fueron las primeras estaciones espaciales “internacionales” en cuanto a los programas científicos y a sus propias expediciones, con cosmonautas y astronautas procedentes de multitud de países de varios continentes.

El legado de las estaciones espaciales soviéticas fue la base firme sobre la que se asentó la presencia humana en el espacio hasta nuestros días. La ISS, el mayor complejo orbital construído por el hombre, es digna sucesora de la estación orbital Mir. La construcción de la ISS tal y como hoy la conocemos, iniciada en los albores del nuevo milenio con módulos rusos con una tecnología más sofistica que los de EEUU (los módulos rusos habitables son capaces de alcanzar la órbita y acoplarse de forma automática, sin necesidad de tripulación), no hubiera sido posible sin el concurso de los shuttle (que trasladaron en su bodega varios de sus módulos y su estructura central). Ése ha sido, junto con la puesta en órbita y mantenimiento de satélites como el telescopio espacial Hubble y algún que otro programa militar secreto, el principal papel jugado por los transbordadores estadounidenses en tres décadas: ser grandes cargueros que posibilitaron la construcción del segmento estadounidense (incluyendo los módulos europeo y japonés) del mecano de la ISS.

Y llegamos por fin a nuestros días. La presencia humana en el espacio, a pesar de sus muchos detractores, sigue siendo igual de importante o más que en anteriores décadas porque revierte en avances científicos y en progresos para la sociedad que no serían posibles de otra forma en el balbuceante estadio actual de la robótica. Así lo han demostrado los miles de experimentos y programas científicos, de tecnología de materiales, de investigación biológica y hasta médica que se han desarrollado con éxito a lo largo de décadas en las Salyut, la Mir o la ISS. Pero la diferencia sustancial en la actualidad es que la primera potencia económica del mundo tiene otras prioridades.

Cañones o mantequilla

Aunque la crisis política aún no ha llegado, EEUU está sumido en una profunda crisis económica que ha arrastrado a la mayoría de sus satélites, el llamado occidente capitalista desarrollado. Esta crisis, que algunos economistas independientes caracterizan como estructural y sistémica, está suponiendo tanto en EEUU como en sus satélites la destrucción de los últimos restos del Estado del bienestar, un holocausto iniciado a finales de la década de 1980 como consecuencia de la crisis del área socialista euroasiática y que se ha cobrado ya millones de vidas (más si sumamos muertos y no nacidos a causa de la desaparición del sistema económico socialista en varios países). Estado del bienestar no sólo es escuelas y hospitales, salarios dignos y seguridad social (lo que caracterizó en buena medida a Europa Occidental y Japón y en menor medida a EEUU tras la Segunda Guerra Mundial para frenar el avance del comunismo). Estado del bienestar también es investigación y ciencia para el progreso humano. Esta época que podríamos definir como retrofuturo es consecuencia del cambio en el orden de prioridades del capitalismo mundial dictado e impuesto manu militari por Wall Street por medio de sus gobernantes globales de Washington y el Pentágono. Entre cañones y matequilla, el imperio en crisis ha optado por los cañones.

Hace unos días un medio estadounidense publicaba un dato “estremecedor” que no ha sido desmentido: Estados Unidos gasta al año en aire acondicionado para sus acuartelamientos en las guerras que tiene abiertas actualmente con tropas de ocupación, una cantidad de dólares superior a todo el presupuesto de la NASA. Este argumento tiene sus “ventajas”: cuando dices que un tanque cuesta más que construir una escuela te llaman demagogo… el dato del aire acondicionado remueve mejor las conciencias de esa masa acrítica que padece serios déficit de conciencia.

Así es, cuestión de prioridades. Emulando al conquistador español Cortés, el imperio decadente prefiere quemar sus últimas naves que recortar recursos para una guerra eterna que no hace más que prolongar su agonía: la aventura de la conquista y control de las regiones con recursos energéticos fungibles del planeta (a la Guerra de Afganistán se sumó la de Iraq y ahora se suma la de Libia). La retirada del espacio tripulado no es lo único ni lo más grave, claro está. El estado de abandono en que se encuentran las infraestructuras en una metrópolis imperial en guerra eterna contra el resto del mundo, es más que procupante: la red de ferrocarril está desapareciendo, las carreteras públicas no son reparadas, las infraestructuras eléctricas (redes y subestaciones) son las mismas que en los años 50, las personas sin recursos mueren por enfermedades curables ante la ausencia de una sanidad pública, en un país del Tercer Mundo como Cuba hay menos mortalidad infantil que en EEUU…

Espacio privado y espacio militarizado

Y no es sólo que a partir de ahora EEUU se vea obligado a pagar pasaje para ocupar un asiento en naves de diseño soviético si quieren desafiar las leyes de Newton y que —como el Cid Campeador— la URSS siga ganando carreras y batallas, de momento tecnológicas, después de “muerta”… es también que la agencia pública NASA se va a ver enfrentada —se está viendo enfrentada— a un recorte de fondos que pone en peligro también la que fuera joya de la corona del programa espacial de EEUU: las sondas no tripuladas (interplanetarias o no) de investigación científica. Lo que supondrá, sin duda y si alguien no lo remedia, otro freno más al desarrollo de la ciencia —la base de todo progreso humano— en esta época retrofuturista, en este futuro arcaico que se viene dibujando desde finales de 1991. La apuesta de la administración imperial de Obama por el espacio privado significa, en la práctica, más bien una apuesta del Estado federal por el espacio militarizado…

Drones (aviones robóticos para matar personas a distancia en Afganistán o Paquistán); X-37B (minitransbordadores orbitales secretos no tripulados con capacidad ofensiva global y patrocinados por el Pentágono); no hay fondos para investigación y exploración de nuestra última frontera; no hay fondos para escuelas u hospitales públicos, ni para carreteras, líneas eléctricas o ferrocarriles… En un avance de cómo piensa un Imperio desbocado dar una “solución final” a sus acuciantes problemas, el último soberano de la dinastía Rockefeller ha afirmado ante las Naciones Unidas que “la sanidad pública ha generado el problema de la superpoblación”. Por tanto, no nos engañemos —ni engañemos—, sí hay fondos para bombardeos “humanitarios” para controlar nuevos yacimientos de crudo y, de paso, empezar a atacar el problema demográfico con criminales bloqueos económicos a países adversarios que causan, a la larga, muchos más muertos que esas bombas “liberadoras” de los goebbelsianos mass media y sus palmeros.

Conclusión: La NASA —¿sólo la NASA?— lo tiene muy crudo.

Texto: Paco Arnau / Ciudad futura
Publicado en Rebelión.org: “El Imperio quema su última nave”

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  1. lucy granda rodriguez
    Domingo, 10 julio 2011 en 17:10

    El pueblo bolchevique luego de derrotar al zarismo y en menos de 50 años, emprendió en su propio desarrollo científico y tecnológico sin la ayuda de ninguna potencia, que lo llevó a ser una fortaleza espacial, forjando la Estación Espacial Internacional, abriendo las puertas de la ciencia a todo el planeta. La élite yanqui que data desde hace más de 200 años, secuestró a científicos de todas las procedencias, antes, durante y después de la II Guerra Mundial para su carrera espacial y armamentista; siendo su mayor logro, la explosión de la bomba nuclear en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaky y la cuestionada llegada a la luna. Hoy estàn claras las prioridades de las élites yanquis a pesar del costo social que significa para su propio pueblo. Una máquina de matar (soldado americano) le cuesta a los EUA 1 millón de dólares al año, si están por más de 10 años más de 100.000 máquinas sólo en Afganistán, no hay presupuesto que alcance para el desarrollo del ciudadano americano ni aportes para el desarrollo espacial. El comienzo de la propia tumba del imperio se visibiliza en la alta tasa de suicidios de los soldados gringos que al regresar a su país, se dan cuenta de que han sido utilizados como máquinas, pero también son humanos igual que sus supuestos enemigos.

    • Pastordenubes
      Lunes, 11 julio 2011 en 13:16

      Solo una breve acotación. La U.R.S.S, como los E.E.U.U., al finalizar la 2ª Guerra mundial desarrollaron su tecnología de cohetes a partir de las investigaciones hechas por científicos alemanes. Científicos a los que tanto unos como otros llevaron, “secuestraron” ,estando cercano el fin de la guerra.

      • Lunes, 11 julio 2011 en 14:03

        No es exactamente así, hay que documentarse un poco. Fue EEUU quien basó su ingeniería coheteril en diseños de armas nazis de destrucción masiva y sus principales ingenieros eran oficiales de las trístemente famosas SS acogidos con los brazos abiertos (no secuestrados, véase “Operación Paperclip”) en EEUU; empezando por Von Braun, la cabeza de su programa espacial.

        El ingeniero jefe del programa cosmonáutico de la URSS, Serguéi Koroliov (el apellido es bien distinto, no hubo ningún “Von Koroliov” ;), ya en la década de 1950 consideraba obsoletos los diseños nazis y no se basaron en ellos (los descartaron), sino en cohetes multietapa mucho más sofisticados, avanzados y potentes como el R-7 ‘Semyorka’ (nada que ver con los arcaicos V-2 en que se basaron los primeros diseños de EEUU)… ése fue el motivo principal, al margen de una infraestructura técnica e industrial muy superior a las de EEUU en este campo, de que la URSS tomara la delantera de forma incontestable en los inicios de la carrera espacial.

  2. Torombolo
    Domingo, 10 julio 2011 en 23:35

    Hace ya unos años, un politico estadounidense dijo que la carrera espacial habia terminado y que la habian ganado los americanos con La lanzadera espacial, ya que el programa espacial ruso no disponia de un vehiculo similar para misiones regulares (El buran solo hizo un vuelo de prueba sin tripulacion) y que todo lo que tenian para ir al espacio eran unas “Latas de conserva” en la punta de un cohete, las cuales no habian cambiado mucho desde su diseño original.

    Me gustaria ver lo que diria ese politico (del cual no me acuerdo el nombre, desgraciadamente), ahora que van a tener que depender de esas venerables “Latas de conserva” llamadas Soyuz si quieren ir al espacio. Latas de conserva, que dicho sea de paso, han conseguido demostrar una fiabilidad que estoy seguro que ha ido mas alla de lo que nunca soñaron sus diseñadores.

    Yo no se vosotros, pero yo tengo muy claro quien ha ganado al final la “Carrera espacial”

  3. Lunes, 11 julio 2011 en 03:19

    Gracias por los comentarios. Sólo decir, Lucy, que cuando afirmas “la cuestionada llegada a la Luna” supongo que te refieres a cuestionar desde tu punto de vista su utilidad, no el hecho de que realmente se produjera. En el Starmus de Tenerife http://ciudad-futura.net/2011/06/27/starmus/ , donde tuve la oportunidad de asistir, ante la idea difundida hasta hoy de que los Apolo no llegaron realmente a la Luna, tanto astronautas de la NASA como destacados cosmonautas soviéticos allí presentes coincidieron en un argumento incontestable: en 1969, en plena Guerra Fría, la URSS hubiera desmentido y desmontado con suma facilidad un supuesto montaje por parte de EEUU (la URSS había enviado naves a la Luna antes que EEUU)… y no fue así. Llegar, llegaron con las misiones Apolo. Y las Lunajod soviéticas no tripuladas que cumplieron un cometido similar, también.

    ¿Quién ha ganado la carrera espacial tripulada? Yo también lo tengo claro. Ha resultado ser una carrera de fondo… y al final ha tenido un ganador por abandono del otro competidor.

  4. efwe
    Lunes, 11 julio 2011 en 12:15
  5. Pastordenubes
    Lunes, 11 julio 2011 en 17:41

    Ciudad futura :No es exactamente así, hay que documentarse un poco. Fue EEUU quien basó su ingeniería coheteril en diseños de armas nazis de destrucción masiva y sus principales ingenieros eran oficiales de las trístemente famosas SS acogidos con los brazos abiertos (no secuestrados, véase “Operación Paperclip”) en EEUU; empezando por Von Braun, la cabeza de su programa espacial.
    .

    Tienes razón hay que documentarse un poco. ;). Coincido en que los ingenieros alemanes que participaraon en la operacion paperclip no fueron secuestrados. Los ingenieros alemanes, que participaron hasta 1954 una vez sus conocimientos técnicos perdieron relevancia, en el programa de cohetes de la URSS, entre ellos Helmut Gröttrup, asistente de von Braun, fueron deportados a campos especialmente habilitados para ello.
    El programa de cohetes ruso no recibio impulso de la obsoleta V-2, sino de el A-4, un misil con un alcance superior a 300 km que ya habian desarrollado los alemanes. Es de anotar que los rusos, hasta finalizada la 2ª Guerra Mundial, no tenían ningún programa específico de desarrollo de cohetes hasta que no fué establecio por decreto el 13 de mayo de 1946.
    Tampoco los EE.UU. habían avanzado significtivamente en la industria de cohetes hasta la llegada de Wernher von Braun con toda la documentación que sustrajo de Alemania.

    • Lunes, 11 julio 2011 en 21:14

      Por favor, A-4 es el nombre técnico de los misiles V-2. O sea, lo mismo, no otra cosa distinta. Los londinenses conocieron muy bien su alcance cuando los nazis los disparaban desde el continente.

      Teniendo en cuenta las graves responsabilidades de algunos del programa A-4 ó V-2, si es cierto eso que dices, habrían recibido un trato exquisito siendo sólo deportados por los soviéticos (no rusos, como dices). Yo los hubiera fusilado al amanecer.

      Insisto, hay que documentarse.

  6. Torombolo
    Martes, 12 julio 2011 en 11:53

    Ciudad futura :
    Por favor, A-4 es el nombre técnico de los misiles V-2. O sea, lo mismo, no otra cosa distinta. Los londinenses conocieron muy bien su alcance cuando los nazis los disparaban desde el continente.
    Teniendo en cuenta las graves responsabilidades de algunos del programa A-4 ó V-2, si es cierto eso que dices, habrían recibido un trato exquisito siendo sólo deportados por los soviéticos (no rusos, como dices). Yo los hubiera fusilado al amanecer.
    Insisto, hay que documentarse.

    Posiblemente Pastordenubes, se referia como obsoleta a la V-1 y no a la V-2. Ademas, la V-1 no era realmente un cohete, sino una especie de avion con un pulsoreactor el cual era mas lento y facil de derribar que las V-2.

    Personalmente, yo tambien los habria fusilado. Con la cantidad de victimas que provocaron sus bombas, Werner von Braun y su equipo solo merecen el calificativo de genocidas y sin embargo ya veis lo tranquilitos que vivieron el resto de sus vidas.

  1. Domingo, 10 julio 2011 en 13:41
  2. Domingo, 10 julio 2011 en 13:41
  3. Lunes, 11 julio 2011 en 02:06
  4. Lunes, 11 julio 2011 en 03:16

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