Cosmos tripulado

Una línea de tiempo transcurre hasta nuestros días desde la histórica fecha del vuelo de Yuri Gagarin (misión Vostok 1, URSS). El 12 de abril de 1961 fue el punto de partida de una era espacial humana que comenzó hace más de medio siglo: el cosmos tripulado…

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Infografía “Cosmos tripulado” (clic para ver a tamaño completo: 2885 × 2110 píxeles, 880 KB)

Un repaso a la historia de la cosmonáutica, el cosmos tripulado, desde los primeros pasos de la carrera espacial hasta la actualidad en una infografía de gran formato que incluye todos los programas que han transportado seres humanos al espacio con sus naves: Vostok (URSS), Mercury (EEUU), Vosjod (URSS), Gemini (EEUU), Soyuz (URSS), Apollo (EEUU), Space Shuttle (EEUU) y Shenzhou (China), sin olvidar la misión conjunta soviética-estadounidense Apollo-Soyuz; así como todos los programas de estaciones orbitales y esquemas de todas y cada una de las que han sido puestas en órbita: las seis estaciones de la serie Salyut (URSS), el Skylab (EEUU), la gran Estación orbital Mir (URSS-Rusia), la ISS (Estación Espacial Internacional), el mayor complejo espacial de la historia, y el laboratorio orbital Tiangong (China).

La línea de tiempo y sus meandros contextualizan cronológicamente la infografía, que discurre por cuatro épocas principales: los años 60, la década de los récords y edad de oro de la carrera espacial entre las dos superpotencias del siglo XX; los 70, la década de las estaciones espaciales soviéticas; los 80 y los 90, protagonizados por el Shuttle y la Estación Mir y por último, la época actual, que se inicia a finales del siglo XX con el lanzamiento del primer módulo de la ISS (1998) y llega hasta nuestros días junto con los primeros pasos del programa cosmonáutico de China.

La infografía muestra también —con breves textos y sencillos pictogramas— la configuración básica de naves y estaciones, los principales récords espaciales, sus más destacados protagonistas y otros datos básicos. A modo de conclusión, un gráfico resume todos los programas espaciales tripulados de naves y estaciones así como los programas de colaboración internacional, tanto los que ya son historia como los que están en vigor en la actualidad: Soyuz (nave que sobresale como la principal protagonista de este periplo histórico de más de medio siglo de presencia humana en el espacio), la ISS y los más recientes programas Shenzhou y Tiangong de la potencia espacial surgida a principios del siglo XXI, la República Popular de China.

P.s.: Todos los vehículos espaciales de la línea de tiempo de la infografía (tanto naves como estaciones) están representados aproximadamente a escala.

El círculo de tiza de Koroliov

Representación gráfica del volumen habitable comparado con la masa de los seis tipos de naves orbitales tripuladas de la carrera espacial entre la URSS y EEUU (1961-1975). [Infografía de Paco Arnau / ciudad-futura.net para Amazings.es]

Cuenta la leyenda que hace muchos años, en las afueras de Moscú, el gran Serguéi Koroliov fue preguntado por los cosmonautas acerca del espacio disponible dentro de una nave de nuevo diseño… El ingeniero jefe respondió que cuando le mostraron los planos del anteproyecto su primera reacción fue dibujar con una tiza en el suelo el contorno de lo que habían previsto los ingenieros como habitáculo para los cosmonautas a escala real (el camarada Seguéi Pávlovich tenía muy buen ojo y era bien conocida su rapidez a la hora de hacer cálculos mentales)… Acto seguido, le dijo a uno de los de los proyectistas que intentara introducirse dentro del círculo de tiza. En ese mismo instante se acabó el debate, los ingenieros recogieron sus planos para reelaborarlos y así ampliar las cotas del espacio interior de la nave a una escala más humana… Es lo que conocemos como volumen presurizado habitable.

Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio, junto a Serguéi Koroliov, el ingeniero jefe del programa espacial soviético.

La anécdota, dramatizada en la serie documental de la BBC Space Race, ilustra perfectamente un hecho: en los comienzos de la carrera espacial tripulada —cuyo primer objetivo era ser los primeros en poner un hombre en el espacio— un aspecto de la ergonomía tan importante como disponer de espacio suficiente para que sus ocupantes estuvieran cómodos dentro de una nave no era la principal preocupación de los estudios de diseño espacial y sus ingenieros, más preocupados por el correcto funcionamiento de la máquina y por la masa a poner en órbita, el “eterno problema” de los costosos lanzamientos espaciales.

Los cosmonautas y astronautas pasaban exigentes pruebas psicológicas y habría sido prácticamente imposible que las superara alguien que padeciera claustrofobia, pero con todo y con eso también eran humanos y toda persona necesita un espacio vital en su entorno… En el caso de la URSS este asunto sí preocupaba también a su gran ingeniero jefe, un cerebro privilegiado desde el punto vista técnico y científico pero al que nada humano le era ajeno. Y ésta es una de las razones, aunque seguramente no la decisiva, de porqué los soviéticos siempre aventajaron a los estadounidenses durante la carrera espacial en la otra carrera por el espacio… en este caso por el espacio habitable en el interior de las naves. Sigue leyendo

Apolo-Soyuz: Encuentro en órbita de dos mundos distintos y distantes

El 17 de julio se conmemora el 35º aniversario de la expedición orbital tripulada soviético-estadounidense Apolo-Soyuz. En tal fecha de 1975, la nave soviética Soyuz 19 y la estadounidense Apolo ASTP (extraoficialmente también denominada Apolo XVIII) se acoplaban en la órbita terrestre tras sendos lanzamientos dos días antes (15 de julio) desde el Cosmódromo de Baikonur (RSS de Kazajistán, URSS) y el Centro Espacial Kennedy (Cabo Cañaveral, Florida, EEUU). Así, las dos colosos adversarios se unieron por dos días en la óbita de nuestro planeta.

El astronauta estadounidense Donald Slayton (a la izquierda y “boca abajo”), piloto de la misión Apolo ASTP, y el cosmonauta soviético Alexei Leonov, primer hombre en realizar un “paseo espacial” (1965) y comandante de la nave Soyuz 19, durante uno de los encuentros en órbita de las tripulaciones de la misión conjunta Apolo-Soyuz. Esta imagen fue una de las más reproducidas por la prensa internacional en 1975. [Foto: NASA]

El Apolo ASTP estadounidense fotografiado desde la Soyuz 19 en la órbita terrestre. En la proa del módulo de mando cónico, única zona habitable de la nave, está acoplado el Docking Module (DM; en el extremo izquierdo de la foto) diseñado específicamente para esta misión y al que a su vez se unió la nave soviética. Las misiones lunares Apolo protagonizaron la hazaña de ser los primeros (y únicos) vuelos tripulados que se posaron en nuestro satélite (seis misiones con éxito y una fallida entre 1969 y 1972). Esta misión Apolo-Soyuz de 1975 fue el último vuelo de las naves Apolo antes de pasar a formar parte de la historia de la carrera espacial. [Foto: Academia de Ciencias de la URSS]

La verde cobertura textil de la Soyuz 19 contrasta con el blanco de un área nubosa de la Tierra. En esta excelente imagen captada por la tripulación del Apolo ASTP se pueden distinguir los diferentes módulos de la nave soviética. De izquierda a derecha: (a) el módulo orbital habitable con el mecanismo de acoplamiento al DM en su extremo, (b) el módulo de mando y descenso de la tripulación y (c) el módulo de servicio o de instrumentación y propulsión (único no habitable), al que está fijado el doble juego de paneles fotovoltaicos desplegables. La versión actual de este fiable y robusto diseño de la ingeniería espacial soviética, cuya vigencia ha resistido el paso de más de cuatro décadas, sigue operativa en nuestros días. Si nadie lo remedia, las Soyuz pronto serán el único medio de transporte de tripulaciones hacia la Estación Espacial Internacional a partir de la retirada de los transbordadores espaciales norteamericanos Shuttle. [Foto: NASA]

El primer apretón de manos entre los dos comandantes de la misión: Thomas Stafford (con vestimenta naranja, en el Docking Module) y Leonov (al fondo, en el módulo orbital de la Soyuz). [Agencia TASS]

Sellos conmemorativos de la misión conjunta Apolo-Soyuz editados en 1975 por los servicios postales de EEUU (10 centavos de dólar) y de la URSS (12 kopeks de rublo).

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[Reproducido en Rebelion.org]

La doble designación oficial de esta primera y única misión espacial conjunta de las dos superpotencias fue Apollo-Soyuz Test Project (ASTP, por sus siglas en inglés) y Экспериментальный полёт Союз-Аполлон (ЭПСА, Eksperimantalniy polyot Soyuz-Apollon, EPSA, por sus siglas y transcripción del ruso), que viene a significar en castellano “Vuelo experimental Soyuz-Apolo”.

PLANTILLA Y PERFIL DE LA MISIÓN

La plantilla internacional de la misión Apolo-Soyuz estaba compuesta por un quinteto formado por tres astronautas estadounidenses (un veterano y dos novatos) y dos cosmonautas soviéticos (ambos con una misión anterior en su hoja de servicios).

La Soyuz 19 estaba comandada por el laureado héroe de la Unión Soviética y mundialmente famoso cosmonauta Alexei Leonov, primer hombre en realizar un paseo espacial diez años atrás (misión Vosjod 2 en 1965), acompañado por su camarada Valeri Kubasov como ingeniero de vuelo (misión Soyuz 6 en 1969). Por la parte estadounidense, en la nave Apolo ASTP viajaron tres astronautas de la NASA: el comandante Thomas Stafford, veterano, experimentado y conocido astronauta con tres misiones a sus espaldas (Géminis 6 y 9, y Apolo X); y los pilotos Vance Brand y Donald Slayton, ambos en el que fuera su primer vuelo espacial.

El perfil de la misión Apolo-Soyuz era sencillo y poco ambicioso más allá de su espíritu simbólico: dos días después de sus respectivos lanzamientos desde EEUU y la URSS el 15 de julio de 1975 mediante cohetes Saturno IB y Soyuz-U, ambas naves tripuladas se encontrarían en una órbita baja terrestre para acoplarse mediante un módulo de atraque diseñado exclusivamente para esta expedición: el Docking Module ASTP (DM), que fue unido en órbita a la proa del módulo de mando del Apolo para su posterior acoplamiento con la nave soviética Soyuz y el encuentro entre ambas tripulaciones.

DOS PAÍSES, DOS SISTEMAS

El DM, con 3,15 m de longitud, 1,4 m de diámetro máximo y unas dos toneladas de masa, era básicamente una esclusa —con un volumen útil equivalente al de una pequeña furgoneta— cuya función era permitir la transferencia y el encuentro de ambas tripulaciones en órbita a pesar de sus diferentes sistemas… de soporte vital. Mientras que en el Apolo estadounidense había una atmósfera de baja presión compuesta sólo de oxígeno, en la Soyuz soviética se vivía en un ambiente más familiar para los organismos terrícolas: una mezcla de oxígeno y nitrógeno con una presión más elevada y más parecida al aire que respiramos en la Tierra. El DM, además de solventar el problema de los diferentes entornos de soporte vital, permitió la conexión de los circuitos de comunicaciones de ambas naves. Su sistema de atraque APAS-75 de tipo andrógino y diseño soviético permitió la unión del complejo Apolo-DM a la Soyuz.

Otro problema, el del idioma, fue solventado por la condición relativamente bilingüe de las tripulaciones, que utilizaron indistintamente el ruso y el inglés para comunicarse… aunque debido al extraño acento del comandante norteamericano cuando hablaba ruso, el comandante soviético Leonov bromeó diciendo que “en realidad en la misión se hablaron tres lenguas: el inglés, el ruso y el oklahomski“, en referencia al Estado del Medio-Oeste de donde era nativo Thomas Stafford (Oklahoma).

Sección del hábitat multimodular durante las 44 horas que permanecieron unidas las naves. Apolo a la izquierda, DM en el centro y Soyuz a la derecha (clic en la imagen para ampliar). [Ilustración: Agencia soviética TASS]

Durante las 44 horas que estuvieron unidas las naves, sus tripulaciones intercambiaron regalos, diplomas, banderas, bebidas y delicatessen típicas de cada país. En estos casi dos días completos de convivencia en órbita (la mayor parte del tiempo en el DM y en el módulo orbital de la Soyuz) también hubo ocasión de realizar algunos experimentos científicos conjuntos así como, finalmente, una maniobra de acoplamiento adicional que volvió a poner a prueba con éxito el sistema soviético de atraque APAS-75.

ENCUENTRO DE DOS MUNDOS DISTANTES

En su contexto histórico, Apolo-Soyuz supuso no sólo un hito en la historia de la carrera espacial humana, al tratarse de la primera misión conjunta de las dos naciones que hasta ese momento habían rivalizado sin tregua en la conquista del cosmos desde el inicio de la carrera espacial por parte de la URSS en 1957, sino también un acontecimiento con repercusiones evidentes en la opinión pública mundial en el marco de la distensión y la llamada política de “coexistencia pacífica” entre EEUU y la URSS, un paréntesis de 1972 (firma del Acuerdo SALT I) hasta 1980 de relativa tregua en la Guerra Fría entre las dos superpotencias globales. Receso cuyo fin coincidió con la llegada del halcón anticomunista Ronald Reagan a la Casa Blanca a principios de 1981 y que dio paso a una nueva etapa histórica de máxima tensión internacional.

Vista con los ojos de hoy, tras más de dos décadas de cooperación espacial internacional en la Estación Mir y en la ISS, la misión conjunta Apolo-Soyuz podría parecer algo normal. Nada más lejos de la realidad en el contexto de 1975. La misión Apolo-Soyuz simbolizó y significó algo parecido al encuentro en el espacio de dos naves con seres procedentes de mundos muy distintos y distantes… y no sólo porque hablaran lenguas dispares y respiraran atmósferas diferentes.

Texto: Paco Arnau / Ciudad futura

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‘Die amerikanische Raumfahrtprogramm’

De todos los iniciados en la historia de la cosmonaútica es bien sabido que la aportación de oficiales nazis a la puesta en marcha y desarrollo del programa espacial [Raumfahrtprogramm] norteamericano resultó ser un aporte imprescindible y decisivo durante las décadas de 1960 y 1970 para competir frente a los logros pioneros de la URSS en la carrera del cosmos.

En virtud de la Operación Paperclip, promovida por los servicios secretos de EEUU, decenas de científicos, ingenieros y técnicos alemanes que colaboraron en el diseño e implementación de armas de destrucción masiva del III Reich (entre ellas los cohetes V1 y V2, tristemente conocidos por los londinenses y por las levas de obreros esclavos que participaron en su fabricación) obtuvieron asilo, ciudadanía y trabajo en una acogedora Amerika tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. El más conocido y destacado de ellos fue Werner von Braun, ex oficial de las SS y cabeza visible del Programa Apolo. En relación con los paperclips podéis leer en Ciudad futura el epígrafe inicial “Fuga de cerebros fascistas de Europa” de nuestra entrada: “La CIA: teoría y práctica del caos”. En la imagen superior, von Braun (con traje civil) posa en 1941 junto a la plana mayor del Centro de Peenemünde, instalaciones militares en la costa báltica alemana donde se fabricaban los anteriormente referidos cohetes Vergeltungswaffe (“armas de represalia” en alemán, conocidas comúnmente como “V”). [Foto: Bundesarchiv]

En esta curiosa imagen podemos ver al recientemente fallecido Günter Wendt, antiguo ingeniero de la Luftwaffe (aviación de guerra alemana) y pad leader¹ del programa Apolo, a finales de enero de 1971. El bueno de Günter se permite hacer una broma desacomplejada y de más que dudoso gusto —con parafernalia nazi incluída— a los miembros de la tripulación del Apolo XIV minutos antes de la partida de éstos hacia la Luna. [Foto: Cortesía de la NASA • Vía: Eureka]

[1]: En la NASA, el encargado de realizar las tareas y comprobaciones previas a la inserción de los astronautas en los puestos de la tripulación antes de un lanzamiento.

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