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El ‘alunizaje’ de un MiG-23

Bengasi (Libia), 19 de marzo de 2011

Un caza de fabricación soviética MiG-23, que junto con los franceses Mirage formaban el grueso de las Fuerzas Aéreas de Libia (ahora destruídas según portavoces británicos), cae sobre el bastión de los rebeldes al este del país. Algunos medios presentaron esta imagen como la prueba definitiva de que el gobierno libio estaba incumpliendo la Resolución 1973, recién aprobada por una parte del CS de Naciones Unidas, sobre la imposición de una zona de “exclusión aérea” en Libia. El presidente francés Sarkozi fue el primero en anunciar los ataques a Libia basándose en esta información y algunos medios llegaron a titular “Gadafi desafía a la ONU bombardeando y masacrando [¡!] Bengasi”. En las redes sociales se difundió esta versión y algunos internautas mostraron su admiración hacia el fotógrafo, convenientemente apostado para esta ráfaga de instantáneas… ¿le darán el Pulitzer como a Obama el Nobel de la Paz?

Pero la realidad es bien distinta, si no opuesta, a lo que se publicó. La verdad, reconocida en un ataque de sinceridad por un portavoz de los rebeldes libios, quizá embargado por la euforia una vez comenzados los bombardeos “humanitarios”, es que el MiG-23 en realidad se trataba de un aparato capturado por los aviadores rebeldes en el curso de la “revolución” cívico-mediática-militar previa a la agresión euroestadounidense. El piloto rebelde del MiG (que saltó antes del impacto; en el círculo de la imagen) provocó su incendio y caída libre sobre Bengasi seguramente para justificar los bombardeos extranjeros sobre su propio país. Así es el “patriotismo” moderno. El grado de implicación del fotógrafo lo desconocemos, sólo podemos suponerlo.

‘Alunizaje’ sobre Bengasi

En España los periodistas de sucesos denominan “alunizaje” a una técnica de robo con violencia sobre la propiedad ajena que consiste en sustraer primero un automóvil, preferiblemente de gran cilindrada (aunque no tanta como un MiG), para estrellarlo después sobre las lunas del escaparate de un establecimiento para poder acceder a él de forma rápida y proceder a su saqueo. El vehículo robado (como el MiG) es posteriormente abandonado a su suerte (como el MiG) y los cacos huyen en otro coche con el botín (en el caso del MiG el escape se realizó con paracaídas).

En días anteriores a la caída del MiG rebelde sobre Bengasi, unas fotografías de supuestos rebeldes ejecutados también se presentaron en los medios occidentales como pruebas de las “matanzas del régimen libio sobre civiles indefensos” (el término “régimen” ya entraña en sí mismo una acusación en el lenguaje mediático actual casi mayor que “matanza”). Un vídeo demostró posteriormente que en realidad los ejecutados eran militares libios asesinados a sangre fría por los rebeldes tras su captura e interrogatorio. Pocos medios rectificaron y ninguno pidió disculpas por difundir esa noticia falsa. Además, a las pocas horas YouTube censuró el vídeo probatorio de este crimen de los rebeldes “humanitarios” porque mostraba imágenes de extrema violencia.

A pesar de éstas y otras muchas pruebas, los rebeldes siguen siendo presentados como “población civil desarmada” por la mayoría de los medios estatales y privados… y esta propaganda de guerra ajena a la realidad es difundida de forma gratuíta en las redes sociales de internet, donde se llega a increpar y pedir explicaciones a los partidarios de que cese esta guerra de agresión por el petróleo libio que ya ha causado decenas de muertos civiles, éstos sí de verdad. Afortunadamente, parece que cada vez menos se creen la propaganda de guerra y la obvia censura y manipulación de la información en los telediarios y medios del “régimen”*… ¡Bienvenidos a la realidad!

[*]: Encuestas publicadas por los diarios de tirada nacional ‘ABC’, ‘El País’ y ‘Público’ han coincidido en mostrar una posición mayoritaria de los españoles en contra del ataque a Libia; ello a pesar de la apuesta unánime por la guerra del presidente Zapatero y el líder “opositor” Rajoy, así como de las principales fuerzas parlamentarias (bloque PSOE-PP-nacionalistas). Por otra parte, el ‘hashtag’ #noalaguerra de la red social Twitter se convitió en “Tema del momento” en España el mismo día del comienzo de los ataques sobre Libia.

Texto: Paco Arnau / Ciudad futura

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Vaya por delante algo que debería parecer obvio: estar contra la guerra no significa apoyar a Gadafi. Del mismo modo que las decenas de millones de ciudadanos de mundo que se movilizaron contra la invasión y la guerra en Iraq en 2003 no lo hicieron para apoyar a Sadam, sino en solidaridad con un pueblo que ocho años después aún sufre las consecuencias de esa invasión.

Sirva lo anterior como punto de partida para establecer una serie de similitudes y diferencias entre ambos conflictos…

En primer lugar, tanto libios como iraquíes viven sobre “un mar de petróleo”. Algo que está en la raíz de la atormentada historia de los pueblos árabes desde los tiempos de Lawrence de Arabia. Esto es otra obviedad que también es necesario recordar ahora.

Como en todos los países árabes, libios e iraquíes desde hace siglos están divididos en tribus, circunstancia que ha sido aprovechada desde tiempos remotos por las potencias coloniales occidentales para ejercer su control sobre ellos (divide et impera). Muchas de sus fronteras actuales están “trazadas con tiralíneas” en virtud de un acuerdo entre los imperios británico y francés que lleva el nombre de los dos funcionarios que lo negociaron (Sikes-Picot, respectivamente); no hay más que echar un vistazo a un atlas.

En el caso de Iraq, esta rémora secular de la división tribal se ve agravada por la división sectaria y religiosa, algo que ha sido y es aprovechado por EEUU y su gobierno colaboracionista local para mantener su (relativo) control de Mesopotamia y sus recursos: kurdos al norte, suníes en el centro, chiíes al sur, que ahora sufren una guerra civil larvada fomentada por sus jerifaltes religiosos y sectarios.

‘Divide et impera’ y los caballos de Troya

En el caso de Libia —ironías de la historia— la división tribal se corresponde territorialmente con las antiguas provincias del Imperio de Roma. La Italia fascista de Mussolini (un chusco aggiornamento de la Roma imperial) aprovechó esta circunstancia para mantener su control sobre Libia en épocas no tan lejanas. En Iraq, los kurdos aliados de EEUU fueron la excusa para iniciar una política de injerencia armada y sanciones que provocaron más de un millón y medio de muertos —una gran parte de ellos niños según ONGs sanitarias— en el Iraq previo a la invasión. En Libia las tribus cirenaicas de la zona oriental del país (muy rica en recursos petrolíferos, como el Kurdistán iraquí) han sido el Caballo de Troya de la injerencia armada de EEUU y sus satélites… todo ello convenientemente travestido en los medios como “revolución”. Una estrategia muy exitosa para sus promotores y financiadores, como se comprobó con las “revoluciones” televisivas (llamadas “de colores”) de la Europa del Este y otras posteriores.

Al igual que en Iraq, los medios nos presentan como principal argumento para la injerencia “petrohumanitaria” en Libia a un malo muy malo y a un pueblo que espera con ansiedad la llegada del Séptimo de Caballería para salvarlos. Mientras, sus “revolucionarios” agitan banderas occidentales y monárquicas de tiempos pasados de su país y disparan flamantes armas humanitarias recién importadas.

Tanto en Iraq como en Libia, la injerencia de EEUU y aliados para captar sus recursos económicos comienza con la imposición de una “zona de exclusión aérea”. A diferencia de Iraq, en Libia se ha promovido la guerra civil previamente a la invasión y no a posteriori. Por esta razón en Libia no es tan “necesaria” una invasión directa más allá de la del espacio aéreo… siempre y cuando sus rebeldes cumplan con eficiencia y celeridad la tarea que les ha sido encomendada y financiada.

Yacimientos e instalaciones de hidrocarburos en Libia. Obsérvese que los principales yacimientos de petróleo y gas, oleoductos, gasoductos y la mayoría de las reservas están ubicados en la región oriental del país (Cirenaica), la zona controlada por los insurgentes desde el principio de una rebelión cuyo foco principal ha sido la ciudad de Bengasi. [Fuente original: gráfico interactivo: “El petróleo de Libia” en elpais.com]

Rebeldes prooccidentales libios dotados con una batería antiaérea. De fondo, uno de los que fueron sus primeros y principales objetivos: las instalaciones petrolíferas. [Foto: John Moore]

Los rebeldes libios, bien dotados de equipos informáticos desde un principio, combinaron su ofensiva militar con una fuerte presencia en las principales redes sociales —como Twitter (en la imagen) o Facebook— e insistieron en que se les definiera como “revolucionarios”. Otro de sus principales argumentos es que el gobierno Libio atacaba a sus partidarios “desarmados”, algo que parece contradictorio con la imagen anterior a ésta y muchas otras publicadas o televisadas. No obstante, ese mensaje desmentido por una realidad bien visible, fue masivamente difundido por estas redes en miles de ‘post’ y ‘tweets’. Éste ha sido seguramente uno de los fenómenos más ‘inexplicables’ desde los inicios de la Red Internet.

‘War for oil’ 2.0

A diferencia de Libia en 2011, millones de ciudadanos se movilizaron contra la agresión imperial y la guerra en Iraq, en la que fue calificada como la primera gran movilización de carácter global. Ésta consiguió, sin duda, contrarrestar la propaganda de guerra de la mayoría de los medios corporativos, muchos de ellos controlados por los mismos (grandes corporaciones y entidades financieras) que hicieron y hacen pingües negocios en el Iraq ocupado, lo que fue calificado como el mayor expolio de la historia. A diferencia de Libia en 2011, en virtud de aquella gran movilización, no hizo falta convencer a nadie de que la de Iraq era y es una guerra por el petróleo (War for oil).

A diferencia de Iraq en 2003, el gobierno de Francia no está contra la intervención extranjera en Libia: el actual presidente de la República es uno de los más firmes partidarios del ardor guerrero y de la política de las cañoneras. Sarkozi ha demandado a la llamada “comunidad internacional” ataques con urgencia desde el mismo momento en que el gobierno Libio amenazó con presentar las pruebas que supuestamente demostraban que Libia financió la campaña del petit Bonaparte a la Presidencia a cambio de quién sabe qué… Pruebas que podrían acabar convertidas en cenizas por los bombadeos de Trípoli (¿Bagdad 2.0?) si los rebeldes pro-OTAN no toman pronto “el poder” en la capital Libia.

Al igual que en el caso de Iraq en 2003, en 2011 los mismos sujetos siguen manteniendo un control absoluto de los mismos medios de comunicación, con la diferencia de que ahora los medios públicos están más plenamente integrados que antes en las campañas de propaganda bélica en la mayoría de los países occidentales desarrollados, cuyos cables plagados de mentiras (que harían sonrojarse al Propagandaleiter Goebbels) son los que marcan a fin de cuentas la “realidad” publicada y el pulso de lo que se difunde en el resto del mundo; en los medios y en las llamadas redes sociales…

A diferencia de Iraq en 2003 —a la sazón internet cumplió un papel fundamental para difundir y propagar la movilización contra la guerra—, en el caso de Libia en 2011 existe un nuevo fenómeno llamado web 2.0 con sus redes sociales, que están cumpliendo un efectivo papel inconsciente (en todos los sentidos del término) de difusión de la propaganda de guerra…

A diferencia de Iraq en 2003, ya nadie sale a la calle para movilizarse contra esas guerras por el petróleo que tienen muchos muertos olvidados en su haber… debe ser más cómodo no pensar, no moverse y tuitear o postear desde el sofá “esas cosas” que dicen los telediarios.

Texto: Paco Arnau / Ciudad futura

P.s.: A diferencia de Iraq en 2003, el comandante en jefe de las tropas del Imperio —el mismo que iba a cerrar Guantánamo— es Premio Nóbel de la Paz.

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“Lo de Libia”, muy resumido

Siempre nos quedará Reikiavik

En los últimos tiempos estamos asistiendo a una serie de revueltas populares en varios países árabes, especialmente en el Norte de África, que se iniciaron en Túnez con el derrocamiento y huída del socialdemócrata Ben Alí y se han extendido como un reguero de pólvora a otros países. El más importante de ellos —y de todo el mundo árabe—, Egipto…

La imagen que nunca veremos en los telediarios: manifestación popular en Reikiavik, capital de Islandia, un país donde a pesar de no estar limitado o prohibido el acceso a los medios de comunicación occidentales, éstos no envían corresponsales

Desde un tiempo atrás, previo a las revueltas árabes actuales, un verdadero proceso revolucionario —la correctamente denominada “Revolución silenciada”— está avanzando con paso firme en una isla remota del Atlántico Norte, Islandia, donde se ha forzado la dimisión del gobierno en pleno, se ha encarcelado a los banqueros y especuladores responsables de crisis y del empobrecimiento de la que hasta entonces fuera una de las naciones con mayor índice de bienestar social del mundo y además, por decisión democrática en referéndum, el pueblo de Islandia se ha negado a asumir la deuda contraída por un puñado de sujetos: sus banqueros y especuladores privados, cuya deuda multiplicaba varias veces el Producto Interno Bruto de toda la economía del país.

Actualmente el proceso islandés continúa con la redacción y tramitación de una nueva Constitución que puede suponer la confirmación de una ruptura con el sistema político y económico anterior (el mismo que hay en España y otros países occidentales desarrollados) que provocó la ruina del país. Analistas económicos confirman que la economía islandesa puede superar la recesión a pesar de —o gracias a— estos cambios revolucionarios y empezar a crecer de nuevo el próximo año.

Todo lo anterior se asemeja bastante a una revolución clásica en cuanto a los cambios sociales y sistémicos reales si exceptuamos el legítimo recurso a la violencia para la toma del poder frente a una minoría opresora o colonial, o la defensa de la revolución frente al acoso interno o la agresión externa de sus enemigos, como fue el caso de otros procesos revolucionarios históricos (la revolución americana, la francesa o la rusa, por ejemplo). No debe ser ajeno a esto el hecho de que Islandia sea una isla y además está poco poblada, por lo que posibles contagios revolucionarios a otros países de su entorno son fácilmente contrarrestados simplemente con el silencio informativo; algo que han cumplido al pie de la letra la inmensa mayoría de los medios occidentales, sobre todo en los países europeos satélites de EEUU, para cuyos fantoches gobernantes al servicio de los banqueros el “ejemplo islandés” sería especialmente demoledor.

Las “olas revolucionarias” se televisan mientras surfeamos en la Red

Cuando todo esto sucede en la silenciada Islandia sin que casi nadie lo sepa en Europa, una ola revolucionaria, denominada así por los medios, partidos del sistema y sus corifeos en Internet, dicen que está desarrollándose en varios países árabes del Magreb así como del Mashreq (Egipto y Oriente Próximo) y viene ocupando portadas, abriendo telediarios o protagonizando cientos de miles de mensajes cortos en la Red, redactados por miles de expertos en geopolítica que conseguimos resumir análisis muy profundos en 140 caracteres. Y todo ello al ritmo acompasado que va marcando cada telediario, como olas que van y vienen pero que nunca llegan a ninguna orilla: hoy toca Túnez, mañana te olvidas de Túnez porque toca Egipto; olvídate de Egipto, eso ya pasó, que hoy toca Libia…  Sigue leyendo