
Autor: Paco Arnau • Septiembre de 2010 / Ciudad futura
[Un experimento sobre la posibilidades del color como herramienta útil para facilitar la interpretación y la comprensión de una infografía relativamente compleja]

Autor: Paco Arnau • Septiembre de 2010 / Ciudad futura
[Un experimento sobre la posibilidades del color como herramienta útil para facilitar la interpretación y la comprensión de una infografía relativamente compleja]

Las infografías que os presentamos muestran los principales datos y cotas de la nave Vosjod-2 [Восхо́д, «Amanecer» o «Ascenso» en ruso]. Las naves Vosjod eran una versión multiplaza de las Vostok (primer programa cosmonaútico tripulado soviético) y tenían capacidad para albergar dos o tres cosmonautas. El Vosjod-2 lo tripulaban Pável Beliáyev (comandante, ya fallecido) y Alexei Leónov (piloto). Disponía de un ingenioso sistema extensible (llamado Volga) que permitía la salida al espacio desde el módulo habitable [denominado sharik, «esfera»] de 2,3 m de diámetro mediante una esclusa estanca que plegada tenía menos de 80 cm de longitud y desplegada 2,5 metros. De esta forma, Leonov —enfundado en un traje espacial Berkut— se convirtió en el primer hombre en realizar una actividad extravehicular (EVA), que duró unos 10 minutos y fue grabada y fotografiada por las cámaras instaladas a tal efecto en el exterior del Vosjod-2.


Foto 1: Alexei Leonov en la Ciudad de las Estrellas de Moscú durante unas pruebas médicas previas al vuelo de la nave Vosjod-2 [Novosti]. Foto 2: Histórica imagen del primer paseo espacial captada por una cámara en el exterior de la nave soviética [Novosti]. Foto 3: Interior de la esfera presurizada habitable de un Vosjod con uno de los asientos de los tripulantes en primer plano; al fondo, los paneles de control y navegación de la nave [‘Novosti Kosmonavtiki’]. Foto 4: Leonov saluda a su llegada a la capital de la URSS a los miles de moscovitas que fueron a recibirle como un héroe. Alexei Leonov, destacado miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), ha sido honrado con los más altos galardones de su país; entre otros: la Orden de Lenin y la Orden de la Estrella Roja, así como la de Héroe de la Unión Soviética en dos ocasiones, en 1965 y en 1975, ésta última por comandar la nave soviética de la única expedición espacial tripulada conjunta de EEUU y la URSS, la Misión Apolo-Soyuz [Novosti].
Este año se ha cumplido el 45º aniversario del primer paseo espacial. El 18 de marzo de 1965, el cosmonauta soviético Alexei Leonov, nacido en 1934 en el oblast siberiano de Kemerovo (RSFSR-URSS), se convierte en el primer ser humano en realizar un paseo espacial apenas cuatro años después de la pionera hazaña del primer vuelo espacial tripulado de Yuri Gagarin el 12 de abril de 1961 (Vostok-1); ese mismo año, el soviético Guerman Titov se convirtió en el segundo hombre en volar al espacio (Vostok-2), superando 1 día completo de misión. En 1962 la URSS realiza el primer lanzamiento múltiple tripulado (Vostok 3 y 4). En 1963 la URSS pone en óbita a Valentina Tereshkova, la primera mujer en el espacio, a los mandos de la nave Vostok-6 en el segundo vuelo espacial múltiple de la historia (Vostok 5 y 6). Por si todo lo anterior fuera poco, en octubre de 1964 —cinco meses antes del primer paseo espacial de Leonov— la URSS crea otro nuevo registro histórico espacial lanzando la primera nave con capacidad para alojar más de un tripulante, con tres cosmonautas a bordo de la Vosjod-1… La superioridad de la URSS sobre EEUU en estos primeros años de la carrera espacial era aplastante e incontestable y sus éxitos deslumbraban al mundo entero, haciendo añicos los límites que en otros aspectos marcaban la información parcial y distorsionada (cuando no censurada) que los ciudadanos del Occidente capitalista recibían sobre la URSS y los países socialistas a través de los medios de comunicación en plena Guerra fría.

Izquierda: Alexei Leonov (izquierda) y Pável Beliáyev (derecha), respectivamente piloto y comandante del Vosjod-2, camino de la rampa de lanzamiento en el Cosmódromo de Baikonur (RSS de Kazajistán, URSS) [Foto: FAI-WRA]. Derecha: El laureado cosmonauta soviético Alexei Leonov en la actualidad [Foto: Novosti].
Con el paseo espacial de Leonov la Unión Soviética consolida en los primeros años de la carrera del Cosmos (iniciada con el satélite Sputnik-1 allá por 1957) su neta superioridad en la tecnología punta por excelencia —la aeroespacial— sobre la otra superpotencia de la época, que a la sazón no hacía sino andar a la zaga asistiendo a un récord soviético tras otro y respondiendo con unos medios que comparativamente podrían ser calificados de rudimentarios y con unos resultados más que discretos; por ejemplo, el primer estadounidense en órbita, John Glenn, fue el tercer hombre en volar al espacio, «entrando en meta» después de dos soviéticos… y no es la única medalla de bronce estadounidense o diploma similar en aquellos años… En contraste, los años 60 del siglo XX representaron sin lugar a dudas la década prodigiosa del programa cosmonaútico de la URSS, la base firme sobre la que se asientan los programas espaciales tripulados vigentes en la actualidad.
Texto e infografías: Paco Arnau / Ciudad futura


Sobre estas líneas, infografía comparativa a escala de los primeros programas de vuelos orbitales en los inicios de la carrera espacial tripulada: las naves soviéticas Vostok (1961-1963) y las cápsulas estadounidenses Mercury (1962-1963), junto con sus correspondientes lanzadores. [Infografía: Paco Arnau • Ciudad futura]
En las imágenes de la derecha, el soviético Yuri Gagarin (arriba), primer ser humano en el espacio (12 de abril de 1961), y John Glenn (abajo), primer estadounidense que realizó un vuelo orbital (1962) y el tercer hombre en viajar al espacio (tras Gagarin y Guerman Titov). Gagarin y Glenn son mostrados en estas fotografías en el puesto de mando de sus respectivas naves.

El NST («Nuevo Telescopio Solar» por sus siglas en inglés) ha empezado a mostrarnos imágenes de nuestra estrella con la resolución más detallada en luz visible que jamás se haya alcanzado hasta ahora… y ello a pesar de que se trata de un telescopio ubicado en la superficie de nuestro planeta (cerca del lago Big Bear en los montes californianos de San Bernardino) a una distancia de 150 millones de kilómetros de su objetivo y con la atmósfera terrestre interpuesta. La imagen que os mostramos es una mancha solar que por su aspecto se asemeja a un girasol, flor que —como su propio nombre indica— sigue el movimiento de nuestra estrella… toda una feliz coincidencia.
Los detalles visibles más pequeños (píxeles) que muestra esta imagen captada el pasado 2 de julio de 2010 equivalen a 65 kilómetros (0,09 segundos de arco; véase zoom). La parte central oscura de la mancha, lo que se denomina umbra, corresponde a una zona más fría y, por tanto, mucho menos brillante que el resto de la superficie solar. En parámetros solares «zona fría» equivale a unos 3.500ºC, frente a los 5.800ºC de temperatura media de las celdas de gránulos de color amarillento que rodean a la mancha central; cada uno de estos gránulos, formados por plasma que procede del interior del Sol, tiene un tamaño aproximado de 1.000 km. Para hacernos una idea de las proporciones de las que estamos hablando, toda la Tierra es ligeramente más pequeña que esta mancha solar completa, incluyendo la umbra y la penumbra (los «pétalos» que rodean la zona central más oscura). En las condiciones más óptimas, el telescopio solar NST será capaz de obtener imágenes con una resolución de 45 km/píxel, sensiblemente mayor que la de ésta que hemos reproducido aquí (65 km/píxel). [Fuente principal: Ciel et espace (français)]

Aunque parece un decorado para una nueva versión cinematográfica de Alicia en el País de las Maravillas, lo que vemos arriba es una de las piscinas en el interior del Cubo de agua de la capital de la República Popular China. El que fuera uno de los edificios de competición deportiva más señeros de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, sirve en la actualidad como instalación acuática para solaz y esparcimiento de los ciudadanos y no para batir registros de natación. La espectacularidad de la decoración y el colorido del interior de sus instalaciones supera —si cabe— el magnífico aspecto que este edificio ofrece desde el exterior (abajo), con fachadas formadas por una ingeniosa estructura de burbujas de agua que sirven como aislamiento térmico. Erigido para albergar las competiciones de natación en las cercanías del Estadio Olímpico de Pekín, el Cubo de agua ha sido reabierto a finales del pasado mes de julio tras la finalización de las obras para su remodelación como Centro Acuático Nacional, su denominación actual.


Amanecer de la Tierra en una zona cercana al Polo Sur lunar en cinco fotogramas
Imágenes captadas por la cámara HDTV de la sonda orbital lunar Kaguya-Selene de la JAXA (Japan Aerospace Exploration Agency) el 7 de noviembre de 2007. Se trata de las primeras imágenes de la Tierra en alta definición, captadas por esta sonda japonesa a una distancia de 380.000 kilómetros y a una altura aproximada de 100 km sobre la superficie de la Luna. La zona blanca que corona el planeta azul es la Antártida; la masa de tierra visible debajo a la derecha es el continente australiano. Una curiosidad para los más observadores: las fotografías están captadas prácticamente desde el Polo Sur lunar y la Tierra aparece «boca abajo» en relación a cómo es representada habitualmente en los atlas; en este caso el Polo Sur terrestre se ve «arriba».
El cráter que aparece en primer plano y que destacamos en la ilustración anotada es el Shackleton, situado en unas coordenadas muy próximas al Polo Sur de nuestra Luna (89.9ºS-0.0ºE). Fue llamado así en homenaje al explorador irlandés Ernest Shackleton, que comandó la expedición transantártica Endurance a principios del siglo XX (1914-1916). Este cráter de impacto tiene un diámetro de 19 km y una profundidad que puede llegar nada menos que a 4.200 metros [editado]. En la región polar que rodea al Shackleton, valorada como posible ubicación para futuras bases lunares humanas, hay zonas expuestas a la luz solar de forma casi permanente debido al escaso ángulo de inclinación del eje lunar en relación con el plano de la órbita del sistema Tierra-Luna (eclíptica) alrededor del Sol (5º); por el contrario, en las profundidades de este cráter la oscuridad es perpetua. [Imágenes: JAXA/NHK • Texto e ilustración: Paco Arnau / Ciudad futura]
Comenzamos septiembre y el nuevo curso con muy buenas notas…
Recibid un sincero agradecimiento por vuestra más que generosa
acogida y por vuestro apoyo y participación en ‘Ciudad futura’.
Salud.
Paco Arnau (editor de ciudad-futura.net)
Ío es el satélite galileano más cercano a Júpiter y fue descubierto por el gran astrónomo italiano Galileo Galilei en 1610. La sonda de la NASA Voyager 1 visitó el sistema planetario de Júpiter en 1979 [véase infografía en ciudad-futura.net]. Esta magnífica imagen es un reprocesamiento digital actual, que se acaba de publicar, basado en los bellos mosaicos de fotografías que envió el Voyager 1 allá por finales de la década de 1970. Una intensa y pertinaz actividad volcánica provocada por las mareas gravitatorias de la gran masa de Júpiter, combinadas con los efectos de las cercanas lunas jovianas Europa y Ganímedes, ha modelado —y sigue remodelando— el aspecto de Ío, el otro cuerpo del Sistema Solar junto con la Tierra que mantiene un vulcanismo activo visible y constatable. La banda más clara de la izquierda son las capas altas de la inmensa atmósfera de Júpiter. Junto a volcanes activos, en la superficie de este mundo de fuego —de tamaño ligeramente superior a nuestra inerte Luna— hay lagos de azufre fundido y lenguas de lava semiviscosa de varios cientos de kilómetros de longitud. [Imagen: ©Ted Stryk, procesada a partir de datos facilitados por cortesía de NASA/JPL. Clic en la imagen para ampliar]
Dos fotos aéreas de sendas urbanizaciones de viviendas unifamiliares. Una urbanización está en Denver (Colorado, EEUU) y la otra en Copenhague (Dinamarca, Europa)… Con un simple vistazo y un poco de sentido común deduciremos qué imagen corresponde a una y a otra. No parece demasiado difícil hacer frente a este desafío.

Fotos: Yann Arthus-Bertrand

Neptuno es considerado actualmente —tras ser degradado Plutón a una categoría inferior— el octavo y último planeta del Sistema Solar en orden de distancia a nuestra estrella. Aunque la Tierra es el más grande de los planetas de composición mayoritariamente sólida (los llamados terrestres) y Neptuno el más pequeño de los gigantes gaseosos, gracias a la representación comparativa a escala que hemos realizado de los dos planetas azules podemos constatar que este dios del mar tiene unas proporciones sensiblemente superiores a las de nuestro planeta. Neptuno tiene un diámetro de casi 50.000 kilómetros frente a los 12.756,8 km del diámetro ecuatorial de la Tierra; luego es casi cuatro veces más grande.
Neptuno fue descubierto por el astrónomo francés Urbain Le Verrier en 1846. Este gigante azul ha sido visitado por primera y última vez por la sonda interplanetaria de la NASA Voyager II en 1989, que observó también con detalle a Tritón, su satélite principal. La imagen global de Neptuno de la ilustración está compuesta a partir de las fotos captadas por la cámara de la sonda estadounidense desde una distancia aproximada de 7 millones de kilómetros. La gran mancha que se divisa en la zona ecuatorial de Neptuno es un colosal huracán (allá por agosto de 1989) que ocupa una superfície equiparable a un hemisferio completo de nuestro planeta. La velocidad de los vientos en la activa atmósfera de Neptuno puede llegar a alcanzar la supersónica cifra de 2.000 km/h, debido —según se estima— al flujo de calor que emana del núcleo sólido interno hacia las más que frías capas altas de su atmósfera, con -218ºC de temperatura superficial a causa de la lejanía del Sol.
Las Voyager 1 y 2 —lanzadas desde Cabo Cañaveral en 1977— son desde hace más de tres años naves interestelares debido a que se encuentran fuera de la zona de influencia del Sol. Se espera que la Voyager 2 siga transmitiendo datos hasta 2030 gracias a su longeva pila nuclear de plutonio, unos generadores termoeléctricos de radioisótopos que duran y duran y duran…
[Fotos reproducidas: NASA • Texto e infografías: Paco Arnau / Ciudad futura]