ISS: En pleno mes de agosto, avería en la refrigeración

Ilustración: Paco Arnau / Ciudad futura [Fuentes: NASA y Space.com]

Ya sabemos que a los tripulantes de la Estación Espacial Internacional (ISS) no les afectan las estaciones de aquí abajo, pero resulta curioso que se haya averiado su sistema de refrigeración precisamente en plena canícula estival (en el hemisferio norte). La avería afecta sólo a una parte del volumen habitable de la ISS, la que corresponde a los módulos que no forman parte del sector ruso: el Segmento a cargo de la NASA, los dos módulos presurizados del laboratorio japonés Kibo y el módulo europeo Columbus.

El fallo se produjo el sábado 31 de julio cuando un cortocircuito eléctrico provocó que se parara la bomba que mantiene en circulación el amoníaco de los conductos que refrigeran los sistemas y equipos de la ISS; algo que viene a ser similar al funcionamiento de un refrigerador o frigorífico doméstico. En cualquier caso —según fuentes oficiales— la tripulación no ha estado en peligro en ningún momento gracias a la puesta en marcha de sistemas redundantes previstos para operar temporalmente en caso de eventualidades como esta y a que el Control de Misión en Tierra reprogramó los sistemas de la estación a una «configuración estable» para minimizar sus necesidades de refrigeración y evitar así un recalentamiento de su volumen habitable. Sigue leyendo

Los felices 60

Aunque la imagen parece sacada de una representación del movimiento artístico surrealista del primer tercio del siglo XX, en realidad se trata de una ilustración de la NASA de finales de la «década prodigiosa» (1969) sobre las pruebas de movilidad de un prototipo de traje espacial para EVA (Extravehicular Activity). Cuatro décadas menos felices después, cuando el programa espacial tripulado estadounidense toca a su fin, esta ‘amazing performance’ (como diría el amigo Punset) adquiere el carácter de alegoría de otros tiempos en los que todavía había hueco para el optimismo. [Foto: NASA]

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Un grano de pimienta en el espacio

Cuando leemos textos de divulgación científica sobre astronomía, aunque consigamos llegar a aprender y comprender conceptos teóricos con mayor o menor grado de complejidad, nuestra mente se resiste a aprehender o asimilar datos que se expresan con simples cifras basadas en unidades de medida, como la magnitud de los cuerpos celestes o —»más difícil todavía»— las enormes distancias que los separan en un universo como el nuestro, donde el vacío es el gran protagonista a pesar de que en un cielo estrellado sin Luna (Luna nueva) nuestros ojos nos hagan creer lo contrario. [Véase al respecto: «Átomos interpretando su propio origen y evolución»]

Tamaño comparado a escala de diversos objetos en relación con el Sol, varios planetas
del Sistema Solar y su estrella más cercana. Tanto el tamaño relativo de la «cabeza de
alfiler» como el del «grano de pimienta» han sido levemente aumentados en aras de
su propia visibilidad en esta ilustración.
[Infografía: Paco Arnau / Ciudad futura]

Estamos acostumbrados a interpretar e incluso a calcular mentalmente distancias y magnitudes usuales en la vida cotidiana con poco margen de error. Los delineantes eran capaces de distinguir en un plano arquitectónico, a simple vista y con total seguridad, una línea de una décima de milímetro de grosor de otra de dos décimas de milímetro (0,1-0,2 mm). Un buen sastre «de los de antes» sabía la talla del cliente nada más verlo entrar por la puerta del establecimiento. Un diseñador gráfico actual debería distinguir a la perfección un cuerpo de letra de 10 puntos tipográficos con una simple mirada. Los antiguos exploradores calculaban días de marcha hacia un lugar lejano visible en el horizonte con un margen de error mínimo… y podríamos seguir con multitud de ejemplos.

Magnitudes astronómicas

Pero todo cambia para nuestra mente, experta en el cálculo de proporciones terrestres y cotidianas tras cientos de miles de años de evolución e interacción con el mismo entorno, cuando las magnitudes son astronómicas. Seguramente es por eso que cuando utilizamos la expresión «cifras astronómicas» nos solemos referir a cantidades de dinero que escapan a nuestra comprensión… limitada por los magros ingresos de la mayoría. El límite suele estar situado en cifras que superen los seis ceros a la derecha (si hablamos de euros o dólares)… Esto también puede valer para las magnitudes espaciales astronómicas.

Podemos hacernos una idea cabal de la distancia que nos separa de la Luna cuando nos dicen que nuestro único satélite natural está a unos 380.000 km; no se trata de una cifra inabarcable para nosotros, seamos aficionados o no la astronomía, al fin y al cabo podemos ver la superficie de la Luna con cierto detalle muchas noches al año e incluso una docena de seres de nuestra especie han llegado a caminar o a conducir vehículos sobre sus estériles planicies. Incluso los automóviles terrestres pueden llegar a alcanzar esa cifra de 380.000 en su cuentakilómetros, aunque en los modelos que se fabrican actualmente esto sea algo cada vez más inusual. Sigue leyendo

Átomos interpretando su propio origen y evolución

«Cuando llegue mi hora entraré en la nada, me disolveré en átomos, y ya está.
Hasta el día en que se termine todo: la Tierra, la galaxia, el Sistema Solar…
Eso ocurrirá, y no habrá dios que nos venga a proteger diciendo:
“¿Dónde están esos seres que he creado con tanto amor?”»

(José Saramago, 1922-2010. ‘In memoriam’)

La infografía que os presentamos a continuación, que representa las eras del Universo desde su inicio hasta nuestros días, ha sido realizada de acuerdo con la Teoría del Big Bang («Gran Explosión»), un modelo científico que trata de explicar el origen del Universo y su evolución posterior a partir de una «singularidad espacio-temporal de densidad infinita», tomando como base matemática las ecuaciones de la Relatividad General. Según estas teorías, desde el instante en que el espacio inició su expansión (Big Bang) y el tiempo comenzó su transcurso a partir de la «explosión» de esa singularidad «matemáticamente paradójica», la materia —y con ella todos los objetos astrofísicos— se está expandiendo de forma constante.

LA HISTORIA DEL TIEMPO: DESDE EL ‘BIG BANG’ HASTA NUESTROS DÍAS

El gráfico muestra de forma esquemática en las cuatro dimensiones que nosotros percibimos (las tres espaciales y la temporal) las diferentes fases de ese proceso desde el Big Bang hasta nuestros días, las así llamadas Eras del Universo. Aunque estamos hablando de conceptos espaciales y temporales comparativamente inabarcables para nuestro sistema de pensamiento cotidiano, más habituado a conceptos temporales como el de las edades históricas e incluso las eras geológicas, resulta curioso observar cómo —según esta teoría— el transcurso de las cuatro primeras eras del Universo desde la enigmática Era de Plank hasta la Era de las Partículas, pasando por la Era GUT (Grand Unified Theory, por sus siglas en inglés) y la Era Electrodébil, duró una milésima parte de un segundo. Un instante que nuestros sentidos serían incapaces de percibir y nuestro cerebro de interpretar. «Antes» de esas cuatro primeras Eras no había un antes. El tiempo, tal y como lo concebimos, carecía de dimensión alguna en una singularidad espacio-temporal donde nada acontecía.

El telescopio orbital europeo Plank nos ha enviado recientemente esta imagen. Aunque fue presentada de forma tan pomposa como inexacta por muchos medios de comunicación como «La primera fotografía completa del Universo», está en realidad protagonizada por nuestra propia galaxia, la Vía Láctea vista de canto, así como otros cuerpos celestes más o menos cercanos. Cuando, tras meses de trabajo, la división científica de la Agencia Espacial Europea (ESA) consiga «limpiar» y depurar estos datos gráficos (árboles que no nos dejan ver el bosque), seguramente podremos observar por primera vez  un mapa de 360º de la radiación cósmica de fondo de la materia prima del Universo, los primeros átomos de la Era que lleva su nombre. [Imagen: ESA-HFI-LFI consortia, julio de 2010]


La siguiente fase de esta historia universal fue la llamada Era de la Nucleosíntesis, breve lapso de apenas tres minutos de duración en el que una «ardiente sopa» de protones, neutrones, electrones y neutrinos dio paso a la Era de los Núcleos [«Nuclei» en el gráfico]. Así, durante 300.000 años el universo estuvo compuesto por un plasma muy caliente de núcleos de hidrógeno (deuterio), helio y electrones. Pasados esos tres centenares de miles de años el Universo se enfrío lo suficiente como para que los electrones y los núcleos empezaran a combinarse y así formar una materia prima de átomos (mayoritariamente de hidrógeno) que camparon a sus anchas por el Universo durante unos 1.000 millones de años [«1 billion years» en la infografía] de forma más o menos uniformemente distribuida. Estábamos en la Era de los Átomos. Con el paso de esta ya respetable cantidad de tiempo de un millar de millones de años, algunas regiones habitadas por esos átomos primigenios con una densidad de población ligeramente más elevada, adquirieron una fuerza gravitacional creciente y formaron nubes de gases, estrellas, galaxias y el resto de los cuerpos celestes que conocemos en la actualidad (una pequeña porción de todos ellos observables a simple vista), dando paso a la Era en que estamos desde hace varios miles de millones de años, bautizada con el sugerente nombre de Era de las Galaxias

Y éste es el tiempo actual. Un tiempo en el que amalgamas biológicas compuestas de órganos, células y moléculas formadas por aquellos mismos átomos de la Era anterior son capaces de observar, interpretar y teorizar su propio origen y posterior evolución espacio-temporal mediante instrumentos científicos, sondas espaciales y ecuaciones matemáticas.

Infografía: © Addison-Wesley Longman • Texto: Paco Arnau / Ciudad futura

+info: Beginning and End of the Universe (Prof. Karl Gebhardt)

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Apolo-Soyuz: Encuentro en órbita de dos mundos distintos y distantes

El 17 de julio se conmemora el 35º aniversario de la expedición orbital tripulada soviético-estadounidense Apolo-Soyuz. En tal fecha de 1975, la nave soviética Soyuz 19 y la estadounidense Apolo ASTP (extraoficialmente también denominada Apolo XVIII) se acoplaban en la órbita terrestre tras sendos lanzamientos dos días antes (15 de julio) desde el Cosmódromo de Baikonur (RSS de Kazajistán, URSS) y el Centro Espacial Kennedy (Cabo Cañaveral, Florida, EEUU). Así, las dos colosos adversarios se unieron por dos días en la óbita de nuestro planeta.

El astronauta estadounidense Donald Slayton (a la izquierda y «boca abajo»), piloto de la misión Apolo ASTP, y el cosmonauta soviético Alexei Leonov, primer hombre en realizar un «paseo espacial» (1965) y comandante de la nave Soyuz 19, durante uno de los encuentros en órbita de las tripulaciones de la misión conjunta Apolo-Soyuz. Esta imagen fue una de las más reproducidas por la prensa internacional en 1975. [Foto: NASA]

El Apolo ASTP estadounidense fotografiado desde la Soyuz 19 en la órbita terrestre. En la proa del módulo de mando cónico, única zona habitable de la nave, está acoplado el Docking Module (DM; en el extremo izquierdo de la foto) diseñado específicamente para esta misión y al que a su vez se unió la nave soviética. Las misiones lunares Apolo protagonizaron la hazaña de ser los primeros (y únicos) vuelos tripulados que se posaron en nuestro satélite (seis misiones con éxito y una fallida entre 1969 y 1972). Esta misión Apolo-Soyuz de 1975 fue el último vuelo de las naves Apolo antes de pasar a formar parte de la historia de la carrera espacial. [Foto: Academia de Ciencias de la URSS]

La verde cobertura textil de la Soyuz 19 contrasta con el blanco de un área nubosa de la Tierra. En esta excelente imagen captada por la tripulación del Apolo ASTP se pueden distinguir los diferentes módulos de la nave soviética. De izquierda a derecha: (a) el módulo orbital habitable con el mecanismo de acoplamiento al DM en su extremo, (b) el módulo de mando y descenso de la tripulación y (c) el módulo de servicio o de instrumentación y propulsión (único no habitable), al que está fijado el doble juego de paneles fotovoltaicos desplegables. La versión actual de este fiable y robusto diseño de la ingeniería espacial soviética, cuya vigencia ha resistido el paso de más de cuatro décadas, sigue operativa en nuestros días. Si nadie lo remedia, las Soyuz pronto serán el único medio de transporte de tripulaciones hacia la Estación Espacial Internacional a partir de la retirada de los transbordadores espaciales norteamericanos Shuttle. [Foto: NASA]

El primer apretón de manos entre los dos comandantes de la misión: Thomas Stafford (con vestimenta naranja, en el Docking Module) y Leonov (al fondo, en el módulo orbital de la Soyuz). [Agencia TASS]

Sellos conmemorativos de la misión conjunta Apolo-Soyuz editados en 1975 por los servicios postales de EEUU (10 centavos de dólar) y de la URSS (12 kopeks de rublo).

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[Reproducido en Rebelion.org]

La doble designación oficial de esta primera y única misión espacial conjunta de las dos superpotencias fue Apollo-Soyuz Test Project (ASTP, por sus siglas en inglés) y Экспериментальный полёт Союз-Аполлон (ЭПСА, Eksperimantalniy polyot Soyuz-Apollon, EPSA, por sus siglas y transcripción del ruso), que viene a significar en castellano «Vuelo experimental Soyuz-Apolo».

PLANTILLA Y PERFIL DE LA MISIÓN

La plantilla internacional de la misión Apolo-Soyuz estaba compuesta por un quinteto formado por tres astronautas estadounidenses (un veterano y dos novatos) y dos cosmonautas soviéticos (ambos con una misión anterior en su hoja de servicios).

La Soyuz 19 estaba comandada por el laureado héroe de la Unión Soviética y mundialmente famoso cosmonauta Alexei Leonov, primer hombre en realizar un paseo espacial diez años atrás (misión Vosjod 2 en 1965), acompañado por su camarada Valeri Kubasov como ingeniero de vuelo (misión Soyuz 6 en 1969). Por la parte estadounidense, en la nave Apolo ASTP viajaron tres astronautas de la NASA: el comandante Thomas Stafford, veterano, experimentado y conocido astronauta con tres misiones a sus espaldas (Géminis 6 y 9, y Apolo X); y los pilotos Vance Brand y Donald Slayton, ambos en el que fuera su primer vuelo espacial.

El perfil de la misión Apolo-Soyuz era sencillo y poco ambicioso más allá de su espíritu simbólico: dos días después de sus respectivos lanzamientos desde EEUU y la URSS el 15 de julio de 1975 mediante cohetes Saturno IB y Soyuz-U, ambas naves tripuladas se encontrarían en una órbita baja terrestre para acoplarse mediante un módulo de atraque diseñado exclusivamente para esta expedición: el Docking Module ASTP (DM), que fue unido en órbita a la proa del módulo de mando del Apolo para su posterior acoplamiento con la nave soviética Soyuz y el encuentro entre ambas tripulaciones.

DOS PAÍSES, DOS SISTEMAS

El DM, con 3,15 m de longitud, 1,4 m de diámetro máximo y unas dos toneladas de masa, era básicamente una esclusa —con un volumen útil equivalente al de una pequeña furgoneta— cuya función era permitir la transferencia y el encuentro de ambas tripulaciones en órbita a pesar de sus diferentes sistemas… de soporte vital. Mientras que en el Apolo estadounidense había una atmósfera de baja presión compuesta sólo de oxígeno, en la Soyuz soviética se vivía en un ambiente más familiar para los organismos terrícolas: una mezcla de oxígeno y nitrógeno con una presión más elevada y más parecida al aire que respiramos en la Tierra. El DM, además de solventar el problema de los diferentes entornos de soporte vital, permitió la conexión de los circuitos de comunicaciones de ambas naves. Su sistema de atraque APAS-75 de tipo andrógino y diseño soviético permitió la unión del complejo Apolo-DM a la Soyuz.

Otro problema, el del idioma, fue solventado por la condición relativamente bilingüe de las tripulaciones, que utilizaron indistintamente el ruso y el inglés para comunicarse… aunque debido al extraño acento del comandante norteamericano cuando hablaba ruso, el comandante soviético Leonov bromeó diciendo que «en realidad en la misión se hablaron tres lenguas: el inglés, el ruso y el oklahomski«, en referencia al Estado del Medio-Oeste de donde era nativo Thomas Stafford (Oklahoma).

Sección del hábitat multimodular durante las 44 horas que permanecieron unidas las naves. Apolo a la izquierda, DM en el centro y Soyuz a la derecha (clic en la imagen para ampliar). [Ilustración: Agencia soviética TASS]

Durante las 44 horas que estuvieron unidas las naves, sus tripulaciones intercambiaron regalos, diplomas, banderas, bebidas y delicatessen típicas de cada país. En estos casi dos días completos de convivencia en órbita (la mayor parte del tiempo en el DM y en el módulo orbital de la Soyuz) también hubo ocasión de realizar algunos experimentos científicos conjuntos así como, finalmente, una maniobra de acoplamiento adicional que volvió a poner a prueba con éxito el sistema soviético de atraque APAS-75.

ENCUENTRO DE DOS MUNDOS DISTANTES

En su contexto histórico, Apolo-Soyuz supuso no sólo un hito en la historia de la carrera espacial humana, al tratarse de la primera misión conjunta de las dos naciones que hasta ese momento habían rivalizado sin tregua en la conquista del cosmos desde el inicio de la carrera espacial por parte de la URSS en 1957, sino también un acontecimiento con repercusiones evidentes en la opinión pública mundial en el marco de la distensión y la llamada política de «coexistencia pacífica» entre EEUU y la URSS, un paréntesis de 1972 (firma del Acuerdo SALT I) hasta 1980 de relativa tregua en la Guerra Fría entre las dos superpotencias globales. Receso cuyo fin coincidió con la llegada del halcón anticomunista Ronald Reagan a la Casa Blanca a principios de 1981 y que dio paso a una nueva etapa histórica de máxima tensión internacional.

Vista con los ojos de hoy, tras más de dos décadas de cooperación espacial internacional en la Estación Mir y en la ISS, la misión conjunta Apolo-Soyuz podría parecer algo normal. Nada más lejos de la realidad en el contexto de 1975. La misión Apolo-Soyuz simbolizó y significó algo parecido al encuentro en el espacio de dos naves con seres procedentes de mundos muy distintos y distantes… y no sólo porque hablaran lenguas dispares y respiraran atmósferas diferentes.

Texto: Paco Arnau / Ciudad futura

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‘Opportunity’: Un robot terrestre trabajando en Marte

Al final de un trayecto de ocho kilómetros, el robot autopropulsado Opportunity de la NASA alcanzó el borde del cráter Victoria de Marte el 27 de septiembre de 2006. El Victoria es un cráter de impacto de unos 750 metros de diámetro y 70 de profundidad situado en la planicie ecuatorial marciana de Meridiani Planum. El GIF animado que os mostramos sobre estas líneas seguramente fue compuesto a partir de una secuencia de imágenes captadas por la cámara de este rover interplanetario. Obsérvense en la parte inferior las huellas de rodadura dejadas por las ruedas del Opportunity en el terreno arenoso. [Fuente: It’s Full of Stars (English)]

Representación artística del rover Opportunity sobre la superfície de Marte en la región de Meridiani Planum (1,95°S 354,47°E), muy cerca del ecuador del planeta más parecido a la Tierra del Sistema Solar. [Ilustración: Wikimedia Commons]

Esta pequeña roca fundida compuesta de hierro y níquel que reposa sobre el suelo marciano no siempre estuvo ahí; en realidad procede del espacio exterior. Se trata de Heat Shield Rock, el primer meteorito descubierto en otro planeta (enero de 2005); un hallazgo pionero para la historia de la exploración del Sistema Solar que debemos a la fructífera misión interplanetaria Opportunity. [Foto: NASA/JPL]

Un sugerente paisaje de otro mundo: fotografía de la ladera interna del cráter Endurance, bautizada como Burns Cliff, captada y transmitida por el Opportunity hace más de seis años (junio de 2004).  [Foto: NASA/JPL]

Ahora que el programa espacial humano de la Agencia Espacial Norteamericana (NASA) se encuentra en los prolegómenos de su final con el próximo retiro de las últimas unidades operativas del veterano sistema de transbordadores orbitales Shuttle (sin sustituto a corto o medio plazo) debido a los recortes presupuestarios en el capítulo de la exploración pacífica y tripulada del espacio por parte de la Administración Obama, es de justicia reconocer la valiosa aportación de la Oficina Científica Espacial de la NASA —con la imprescindible colaboración del Jet Propulsion Laboratory (JPL) del Instituto Tecnológico de California— a la exploración robótica del Sistema Solar mediante programas científicos no tripulados. Esperemos que estas misiones, la mayoría de ellas culminadas con éxito a lo largo de varias décadas y que han aportado valiosos datos para la Ciencia, continúen implementándose en el futuro.

Uno de los hitos más destacables de estos programas es, sin duda, la misión científica Mars Exploration Rover B, designada comúnmente Opportunity por el nombre con que fue bautizado su todoterreno robótico marciano, continuador de las misiones dotadas de vehículos autopropulsados iniciadas por el Sojourner Rover (misión Mars Pathfinder de la NASA) el Independence Day (4 de Julio) de 1997 en la región de Ares Vallis.

En Marte desde el 25 de enero de 2004, el Opportunity batió en mayo de 2010 el récord de operatividad de la sonda estática Viking I Lander (lanzada por la NASA en 1975) con más de seis años terrestres de misión ininterrumpida —2.246 días marcianos— desde que se posara en la región ecuatorial de Meridiani Planum.

A lo largo de más de seis años, Opportunity ha enviado a la Tierra una gran cantidad de datos e imágenes sobre la atmósfera, el clima, la geología y la composición química del suelo del planeta rojo que nos ofrecen valiosas pistas científicas sobre cómo pudo haber sido Marte millones de años atrás… seguramente un planeta mucho más parecido al nuestro, en el que mares y corrientes superficiales de agua líquida dejaron rastros de erosión (y de vida, quizás) en su superfície y en la composición mineral de sus rocas. Pistas de un pasado remoto, húmedo y plausiblemente biológico que hoy es posible seguir y analizar gracias a este ingenio terrestre de seis ruedas que se desplaza lentamente por los terrenos áridos de Meridia Planum, en el cuarto planeta del Sistema Solar.

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Más que mil palabras [31]: Retrato de París y Saturno con fondo negro

La sonda de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) Rosetta, en su largo camino hacia los confines del Sistema Solar para encontrarse con el cometa Churymov-Geramisenko en el año 2014, nos acaba de enviar detalladas imágenes de su acercamiento al asteroide Lutetia («París» en latín). Lutetia debe su nombre al astrónomo y pintor alemán Hermann Goldschmidt (1802-1866), quien descubrió este cuerpo celeste de 132×102×76 km desde el balcón o la azotea [según fuentes] de su morada parisina de la rue de l’Ancienne-Comédie en 1852… más de un siglo y medio después, podemos disfrutar de esta cercana imagen de Lutetia —con Saturno al fondo— captada el 10 de julio de 2010. Lutetia es un asteroide de buen tamaño comparado con otros viejos conocidos como Gaspra (19×12×11 km). La agencia espacial francesa CNES nos ofrece la posibilidad de hacer zoom y ver con todo lujo de detalles la superficie de este lejano París del Cinturón de Asteroides de nuestro Sistema Solar mediante sorprendentes fotografías de alta resolución interactivas y otros materiales multimedia → La tête en l’air (français).

••• Sirva esta entrada como homenaje de Ciudad futura a la vecina República Francesa en su fiesta nacional del 14 de Julio, día de la Toma de la Bastilla que dio inicio en París a nuestra Edad Contemporánea en 1789.

rosetta-esquema

+info: ESA (European Space Agency)
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Thierry Legault: Captar un instante en el momento preciso

El francés Thierry Legault (Elancourt, 1962) está especializado en astrofotografía, una disciplina que requiere maestría y equipo adecuado así como buenas dosis de paciencia y sacrificio. Para captar esta espectacular imagen, tras conocer los cálculos exactos de la trayectoria orbital de la Estación Espacial Internacional (ISS), su banda de visibilidad en el cielo terrestre y las previsiones meteorológicas, el fotógrafo francés tuvo que viajar hasta la localidad castellano-manchega de Saelices (730 habitantes, provincia de Cuenca), a 100 km al Este de Madrid por la Autovía de Valencia [→GoogleMaps]. La fotografía muestra el instante en el que la ISS (a la derecha) y el transbordador de la NASA Atlantis (a la izquierda) —ambos plenamente reconocibles— pasan entre nosotros y el Sol. Chapeau!

Los cálculos previos para una toma de estas características han de ser extremadamente precisos; no hay segundas oportunidades. El tránsito de la ISS a través de nuestra estrella duró poco más de medio segundo (0,54 s) en tiempo real, dado que el complejo orbital se desplazaba a una velocidad de 27.000 km/h a 391 km sobre nuestras cabezas. En la imagen inferior ampliada podemos ver con más detalle la aproximación del Atlantis a la ISS 50 minutos antes de su acoplamiento durante su última misión (STS-132) el pasado 16 de mayo. A la derecha de estas líneas, Thierry Legault preparando otro de sus trabajos en Cabo Cañaveral (Florida, EEUU).

Equipo utilizado y datos de la toma: Objetivo Takahashi TOA-150 (Ø150mm / focal final: 2.500mm), helioscopio Baader y cámara digital Canon 5D Mark II (sensor CMOS de formato completo de 21,1 megapíxeles de resolución; ráfaga de 16 imágenes, 1/8.000 a 100 ISO, iniciada dos segundos antes de la hora prevista). [Foto: Thierry Legault]

+info, imágenes de alta resolución y vídeo del tránsito: Web de Thierry Legault [français]
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ISS: 12 años de cooperación internacional en el espacio

Tras la incorporación a la Estación Espacial Internacional (ISS) de sus módulos más recientes —Poisk, Cupola y Rassvet— este gran complejo orbital, aunque difiere en algunos aspectos del proyecto inicial [véanse planta y alzado de la ISS elaborados por nuestro Estudio según lo que estaba proyectado a principios de esta década] ya va adquiriendo su forma más o menos definitiva a falta del acoplamiento de nuevos módulos adicionales en su sector ruso, el único en el que está previsto añadir nuevos elementos.

La ya dilatada experiencia de la ISS supone la consolidación definitiva de la cooperación amistosa entre diferentes potencias espaciales iniciada con los programas internacionales desarrollados en la Estación orbital soviética Mir en las décadas de 1980 (Intercosmos) y 1990 (Shuttle-Mir).

Para conocer el estado actual de la ISS a partir del proceso de ensamblaje de sus diferentes módulos durante la docena de años que han transcurrido entre 1998 —el año del lanzamiento de su primer elemento— y 2010, recomendamos visitar la infografía interactiva publicada en la web del rotativo estadounidense USA today→ International Space Station comes together.

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[Vídeo] La ISS ya cuenta con un nuevo módulo ruso

El módulo Rassvet [Рассвет en ruso, que podría ser traducido como “Amanecer” o “Nuevo comienzo”], también designado MRM-1 (Mini Research Module 1 por sus siglas en inglés), ha sido trasladado el pasado 18 de mayo a la ISS desde el Shuttle de la NASA Atlantis en la última misión (STS-132) de este transbordador espacial estadounidense antes de su retirada definitiva. El MRM-1, con una masa en el lanzamiento de casi 8 toneladas, dota a la ISS de 18 m³ de volumen habitable adicional dedicados a la investigación científica y está acoplado al módulo FGB-Zaryá del sector ruso de la ISS, añadiendo un puerto de atraque para naves tipo Soyuz a la Estación Espacial Internacional, entre otros componentes; como informábamos en nuestra entrada del 11 de diciembre de 2009.

En el interior del Rassvet se realizarán experimentos de biotecnología, biología y física de fluidos. A tales efectos el módulo está dotado de ocho estaciones de trabajo entre las que destacan dos incubadoras, una plataforma aislada de las vibraciones del complejo espacial y un recipiente estanco para manipulación de sustancias. El Rassvet integra asímismo una esclusa de vacío, cámara exterior de experimentos [destacada en color verde en la ilustración superior] que posteriormente será instalada en el futuro módulo ruso Nauka [Нау́ка, «Ciencia»] o MLM (Multipurpose Laboratory Module), cuyo acoplamiento automático a la ISS está previsto en 2012.

El módulo Rassvet, capturado por el brazo robótico, camino de su acoplamiento en el sector ruso de la ISS. De fondo, un área oceánica de la Tierra con nubes y claros. [Foto: Cortesía de la NASA]

RUSIA Y CHINA, PROTAGONISTAS DE UN NUEVO ESCENARIO ESPACIAL

Por lo que venimos constatando, el programa espacial de la Federación Rusa —aunque sigue manteniendo una relativa austeridad presupuestaria— está viviendo una especie de Edad de Plata más de dos décadas después del fin de la Edad de Oro de la cosmonaútica soviética. Esta Edad de Plata rusa transcurre de forma paralela al declive del programa espacial de EEUU, que se confirma con el abandono de las misiones espaciales tripuladas por parte de la NASA una vez que se realicen próximamente las últimas misiones previstas de sus veteranos transbordadores Shuttle. Este repliegue o mutis por el foro de EEUU dará lugar a un nuevo escenario en la carrera espacial humana con dos actores principales: Rusia y China, las dos únicas potencias que, hoy por hoy, mantienen una programación independiente y estable de vuelos tripulados orbitales. De hecho, con la próxima jubilación de los Shuttle, las Soyuz serán las únicas naves tripuladas en servicio que mantengan el tráfico de cosmonautas y astronautas a la ISS, por lo que tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea (ESA) estarán obligadas a pagar su correspondiente pasaje para enviar astronautas a este gran complejo orbital internacional en el que cada vez se habla más en ruso.

Volviendo al motivo de esta entrada, a continuación os ofrecemos un interesante vídeo en el que en apenas dos minutos se muestra con imágenes aceleradas (time lapse) todo el proceso de acoplamiento del Rassvet, que en tiempo real duró alrededor de tres horas. Podremos ver imágenes reales de cómo el brazo robótico del Atlantis entrega el módulo ruso desde su bodega de carga al brazo robótico de la ISS para que éste lo acople en su ubicación definitiva al módulo FGB-Zaryá.

Esquema de los componentes del módulo: Rassvet (Ciudad Futura, 2009) »
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