El ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, acaba de viajar a Afganistán para visitar a las tropas de ocupación españolas, animar a ONGs y autoridades colaboracionistas y rendir pleitesía al recientemente nombrado jefe de las fuerzas de EEUU y la OTAN en el país centroasíatico, el halcón del Pentágono general David Petraeus, siguiendo así los marciales pasos de su colega titular de Defensa Carmen Chacón hace unos días.

Moratinos vestido con el manto de mando (chapan) y el turbante de gala (longui)
afganos el 19 de julio de 2010 en Qala-i-Naw (zona de ocupación española). (Foto: EFE)
Durante esta última visita afgana Moratinos repitió en sus declaraciones a los medios la manida frase Made in USA: «La única manera de ganar esta batalla es ganando los corazones y las mentalidades [mentes, querría decir] de los afganos»; mostrándose partidario de afganizar el conflicto implicando a las «fuerzas vivas» locales (talibanes y narco-caudillos tribales) en la colaboración con los ocupantes.
La estrategia de afganización no es nada original, tiene su punto de partida en la doctrina de vietnamización de los prolegómenos de la derrota de EEUU en la Guerra de Vietnam, donde a la sazón combinaron —en un ejercicio acrobático de cinismo sin parangón— el eslogan «Ganar las mentes y los corazones de los vietnamitas» con los bombardeos en alfombra o de saturación de los B-52 sobre Hanoi y Vietnam del Norte. En su versión iraquí más reciente, esta estrategia también ha fallado estrepitosamente. Más de siete años después de la invasión estadounidense, la guerra, la resistencia y la ocupación continúan en Iraq a pesar de los intentos de iraquizar el conflicto, primero por parte de Bush y después por su aventajado sucesor-continuador Obama. Sigue leyendo




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