ISS: 12 años de cooperación internacional en el espacio

Tras la incorporación a la Estación Espacial Internacional (ISS) de sus módulos más recientes —Poisk, Cupola y Rassvet— este gran complejo orbital, aunque difiere en algunos aspectos del proyecto inicial [véanse planta y alzado de la ISS elaborados por nuestro Estudio según lo que estaba proyectado a principios de esta década] ya va adquiriendo su forma más o menos definitiva a falta del acoplamiento de nuevos módulos adicionales en su sector ruso, el único en el que está previsto añadir nuevos elementos.

La ya dilatada experiencia de la ISS supone la consolidación definitiva de la cooperación amistosa entre diferentes potencias espaciales iniciada con los programas internacionales desarrollados en la Estación orbital soviética Mir en las décadas de 1980 (Intercosmos) y 1990 (Shuttle-Mir).

Para conocer el estado actual de la ISS a partir del proceso de ensamblaje de sus diferentes módulos durante la docena de años que han transcurrido entre 1998 —el año del lanzamiento de su primer elemento— y 2010, recomendamos visitar la infografía interactiva publicada en la web del rotativo estadounidense USA today→ International Space Station comes together.

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Más que mil palabras [24]: Under the hammer and sickle on Red Square

Sendas compañías de soldados estadounidenses (izquierda) y británicos (derecha) desfilan con uniforme de gala en la gran parada celebrada en Moscú el pasado 9 de mayo de 2010 con motivo de la conmemoración del 65º aniversario de la victoria de la URSS sobre el nazifascismo en la Segunda Guerra Mundial (la Gran Guerra Patriótica para los rusos). Por primera vez, tropas de los primero aliados y luego adversarios de la superpotencia soviética han pisado los adoquines de la Plaza Roja frente al Mausoleo de Lenin, lo que ha provocado protestas de los veteranos de guerra y del influyente Partido Comunista de la Federación Rusa. Y también por primera vez, que sepamos, tropas del ejército de EEUU han desfilado bajo estandartes con el símbolo universal del comunismo, el martillo y la hoz [«hammer & sickle» en inglés]; componiendo así un plano fotográfico inusual y sorprendente. A la derecha de estas líneas, la insignia soviética de la Guerra Patriótica [«Отечественная война» en ruso].

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El futuro ya no es lo que era

En una de las amplias zonas de recepción de la Estación Espacial Internacional Cinco, que orbita a 320 km sobre la superfície terrestre, miembros de la tripulación de una nave aeroespacial de la compañía soviética Aeroflot [Аэрофлот, véase el detalle inferior] hacen tiempo antes de embarcar en su próximo vuelo. Al fondo, una cabina de videoconferencia [Picturephone] para realizar llamadas a la Tierra y un restaurante con vistas panorámicas de nuestro planeta [Earthlight room] de la cadena de hostelería norteamericana Howard Johnson (inexistente en la actualidad).

Esta magnífica fotografía¹, que forma parte del rodaje de la película 2001: Una odisea del espacio², nos presenta un futuro luminoso de progreso y coexistencia pacífica desde la visión y los parámetros del mundo en 1968, año de su filmación.

Ya en 2010, y la vista de los grandes retrocesos históricos que ha sufrido la civilización humana desde entonces hasta ahora, la escena se torna inverosímil; aunque su visión nos embarga de un paradójico sentimiento de nostalgia de un futuro que nuestras generaciones no han logrado, ni mucho menos, conquistar.

[1]: Stanley Kubrick (EEUU, 1928-Gran Bretaña, 1999), fue fotógrafo antes que director de cine. Aunque en la fuente original de esta imagen no se especifica, es bastante probable que su autor sea el propio Kubrick, aficionado a captar instantáneas con su Leika durante los rodajes. [Foto: Cinemaisdope.com; formato original: 1280×988 píxeles].

[2]: 2001: A Space Oddyssey (EEUU, 1968); dirección y producción: Stanley Kubrick; guión: Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke; intérpretes: Keir Dullea y Gary Lockwood.

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‘Die amerikanische Raumfahrtprogramm’

De todos los iniciados en la historia de la cosmonaútica es bien sabido que la aportación de oficiales nazis a la puesta en marcha y desarrollo del programa espacial [Raumfahrtprogramm] norteamericano resultó ser un aporte imprescindible y decisivo durante las décadas de 1960 y 1970 para competir frente a los logros pioneros de la URSS en la carrera del cosmos.

En virtud de la Operación Paperclip, promovida por los servicios secretos de EEUU, decenas de científicos, ingenieros y técnicos alemanes que colaboraron en el diseño e implementación de armas de destrucción masiva del III Reich (entre ellas los cohetes V1 y V2, tristemente conocidos por los londinenses y por las levas de obreros esclavos que participaron en su fabricación) obtuvieron asilo, ciudadanía y trabajo en una acogedora Amerika tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. El más conocido y destacado de ellos fue Werner von Braun, ex oficial de las SS y cabeza visible del Programa Apolo. En relación con los paperclips podéis leer en Ciudad futura el epígrafe inicial «Fuga de cerebros fascistas de Europa» de nuestra entrada: «La CIA: teoría y práctica del caos». En la imagen superior, von Braun (con traje civil) posa en 1941 junto a la plana mayor del Centro de Peenemünde, instalaciones militares en la costa báltica alemana donde se fabricaban los anteriormente referidos cohetes Vergeltungswaffe («armas de represalia» en alemán, conocidas comúnmente como «V»). [Foto: Bundesarchiv]

En esta curiosa imagen podemos ver al recientemente fallecido Günter Wendt, antiguo ingeniero de la Luftwaffe (aviación de guerra alemana) y pad leader¹ del programa Apolo, a finales de enero de 1971. El bueno de Günter se permite hacer una broma desacomplejada y de más que dudoso gusto —con parafernalia nazi incluída— a los miembros de la tripulación del Apolo XIV minutos antes de la partida de éstos hacia la Luna. [Foto: Cortesía de la NASA • Vía: Eureka]

[1]: En la NASA, el encargado de realizar las tareas y comprobaciones previas a la inserción de los astronautas en los puestos de la tripulación antes de un lanzamiento.

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1º de Mayo

Helio Korzhev (“Levantando la bandera”, c. 1960)

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Puño y letra: Piotr Kropotkin

«Cada descubrimiento y progreso, cada incremento en la riqueza de la humanidad, se originan en el conjunto del trabajo manual e intelectual de ayer y hoy. Entonces, ¿qué derecho tiene nadie a apoderarse de una partícula de ese todo y decir: ‘esto es mío y no vuestro’?».

Piotr Kropotkin (Rusia/URSS, 1842-1921)
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12 de abril de 2010: Día internacional de la cosmonaútica

Tal día como hoy de 1961, a bordo de la nave Vostok 1 (Восток, «Oriente» en ruso), el ciudadano soviético Yuri Alexéyevich Gagarin (URSS, 1934-1968) se convirtió en el primer hombre que viajó al espacio exterior. La primera misión espacial tripulada de la historia consistió en efectuar un vuelo orbital completo de la Tierra; tras el cual la nave soviética, con Gagarin a los mandos, reingresó en nuestra atmósfera. Éste es el origen de la conmemoración del 12 de abril como «Día Internacional de la Cosmonaútica».

Sobre esta líneas os ofrecemos una imagen de indudable valor histórico: La primera página del rotativo de mayor tirada de la URSS, Komsomólskaya pravda (el diario de la Unión de Juventudes Comunistas soviéticas, KomSoMol) del día 15 de abril de 1961. Con motivo de la llegada de Yuri Gagarin a Moscú tras la realización de su pionera hazaña espacial, el titular superior a toda plana dice: «El país ensalza al héroe». Bajo la cabecera del periódico se titula a tres columnas: «¡Hola, Yuri!». La imagen muestra a un exultante Nikita Kruschev (a la sazón secretario general del PCUS y presidente del Consejo de Ministros de la URSS) en el momento de recibir a Gagarin en el aeropuerto de la capital soviética.

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Поехали!: En homenaje a Yuri Gagarin (entrada con texto, imágenes y datos biográficos) »
1961: El Hombre en el espacio (PDF con infografía del vuelo de la nave soviética Vostok 1) »
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Ciencia y emancipación

La ciencia sigue siendo uno de los pocos productos
de la civilización que lleva en su propia estructura
el germen de la emancipación

Miguel Ángel Quintanilla*

Noam Chomsky suele criticar a los intelectuales postmodernos de nuestra época porque han abandonado el espíritu de la Ilustración y no creen en el valor objetivo del conocimiento científico; y los contrapone a los intelectuales de la izquierda tradicional, que “procuraban compensar el carácter clasista de las instituciones culturales mediante programas educativos para los trabajadores, o escribiendo libros de gran éxito sobre matemáticas, física y otros temas científicos dirigidos al gran público”. Recientemente, Alan Sokal ha recuperado estas críticas de Chomsky en un brillante alegato de izquierdas en favor de la racionalidad.

De hecho, nos estamos acostumbrando a ver la ciencia y la tecnología como parte del sistema social y económico y a meter en el mismo saco las injusticias del sistema capitalista, el expolio de recursos naturales y el calentamiento global junto con el conocimiento científico, el desarrollo tecnológico y el imperativo económico de la innovación. Así que cada vez parece más natural la idea –completamente ajena, en realidad, a la tradición de la izquierda– de que la ciencia y la innovación son asuntos de los que ya se ocupan los guardianes del sistema y a los que no merece la pena que preste más atención el pensamiento progresista.

Craso error. La ciencia sigue siendo uno de los pocos productos de la civilización que lleva en su propia estructura el germen de la emancipación. Es cierto que el conocimiento científico puede servir a la guerra y al capitalismo depredador. Pero también sirve para combatir la enfermedad y la pobreza, la desigualdad y la opresión. Además el conocimiento científico no conoce fronteras, sólo sobrevive en medios culturales estimulantes y abiertos y tiene vocación de difusión universal. Aunque sólo fuera por eso, la ciencia debe seguir siendo una parte esencial del patrimonio de la izquierda.

Pero hay algo más. La ciencia y la tecnología no crecen y se desarrollan solas. Cada paso en una u otra dirección se da porque alguien ha tomado decisiones para orientar el proceso de acuerdo con intereses particulares o públicos, ocultos o transparentes, egoístas o solidarios. La discusión de la nueva Ley de la Ciencia puede ser una buena ocasión para poner a prueba el compromiso de la izquierda de nuestro país en este campo. Para empezar, el Gobierno haría bien en abrir el debate sobre el futuro de la ciencia y la innovación a un público amplio, interesado e informado.

(*): Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Salamanca.
Fotografía: Estudiantes de Ciencias en un parque de Moscú (URSS, c. 1960).
Vía: Rebelión

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Las 20 imágenes del siglo XX

Cerca del final de la primera década del siglo XXI quizá dispongamos de suficiente perspectiva como para hacer una recopilación de imágenes del siglo pasado. En el siglo XX nacimos y vivimos aún la mayoría de los que habitamos este planeta en la actualidad, por lo que con toda seguridad esta selección resultará familiar y cercana, en mayor o menor medida, a prácticamente todos nosotros. Al menos éso es lo que hemos intentado…

El siglo de las luces y las sombras

Izquierda: Un ciudadano de París llora impotente ante el desfile de tropas alemanas por los Campos Elíseos el 14 de junio de 1940. Derecha: Soldados republicanos españoles de «La Nueve» (9ª Compañía de la División Acorazada Leclerc). Esta compañía tuvo el honor de ser el primer destacamento aliado que liberó París de los nazis en agosto de 1944. De los 160 soldados que integraban La Nueve, 144 eran españoles.

No hemos pretendido recopilar veinte imágenes que definan o resuman los acontecimientos históricos del siglo XX; sino, sobre todo, algo tan subjetivo (y difícil) como seleccionar 20 imágenes que se nos hayan quedado grabadas en la memoria de entre los millones que pasaron a través de nuestra retina en una centuria en la que la representación gráfica de la realidad por medios diversos, empezando por la fotografía, adquirió carta de naturaleza como fenómeno masivo.

A pesar de que, como hemos dicho, no se trata de un resumen histórico del siglo XX en 20 instantáneas, con toda seguridad una buena parte de ellas —si no todas— definen de alguna manera la trayectoria de cien años que podríamos definir, parafraseando a Alejo Carpentier, como el siglo de las luces y las sombras… los dos elementos básicos que componen una fotografía.

Ver el álbum: «Las 20 imágenes el siglo XX» »

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Ilustración e infografía de la nave Soyuz TMA

Ilustración: Paco Arnau / Ciudad futura • Marzo de 2010 [clic para ampliar]

«Proyectado en los años 60, verdadera “década prodigiosa” del programa espacial soviético, la primera misión Soyuz se remonta a 1967. Con capacidad para alojar en su interior hasta tres cosmonautas, la función principal de la Soyuz (“Unión” en lengua rusa) es servir de nave de transporte y regreso de tripulaciones de estaciones espaciales circunterrestres en órbitas bajas. Esta imprescindible tarea ha sido desempeñada por toda una flota de naves Soyuz a lo largo de más de cuatro décadas en decenas de misiones en las estaciones orbitales soviéticas Salyut (Soyuz T), posteriormente en la Mir (con un total de 30 misiones; 1 Soyuz T y 29 Soyuz TM, realizadas todas con éxito), así como en la actualidad en la Estación Espacial Internacional (con cerca de una década de misiones de naves Soyuz TMA, ninguna de ellas fallida).

La nave Soyuz está formada por tres módulos desacoplables [véanse de arriba a abajo en la ilustración]: (1) el módulo Orbital (presurizado y habitable) en la parte frontal de la nave, con la sonda de atraque, (2) el módulo de Mando-descenso en la parte central (único módulo que regresa de vuelta a la Tierra con la tripulación) y (3) el módulo de Servicio en la popa de nave (con los motores, los depósitos de propelentes, la instrumentación, los cohetes de propulsión y el par de paneles solares desplegables)».

Texto: Dossier Mir (Ciudad futura • Diciembre de 2009)
Ilustraciones: Ciudad futura • Paco Arnau, marzo de 2010

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