Atardeceres de dos mundos

Arriba: Puesta de Sol en el borde del cráter Gusev de Marte fotografiado por el ‘rover’ de la NASA Mars Spirit el 19 de mayo de 2005. El ‘diámetro’ aparente del Sol es de alrededor de dos tercios del tamaño con que lo veríamos en un ocaso terrestre. Abajo: Atardecer en la costa de la isla de Lanzarote (Canarias, España). [Fotos: JPL/NASA • Peter Neubauer]

Comparamos los atardeceres y el cielo de Marte y la Tierra, los dos cuerpos del Sistema Solar en los que tenemos la posibilidad de fotografiar in situ el Sol poniente sobre sus respectivos horizontes desde la superficie. En ambos planetas —especialmente en la Tierra— la gama cromática de la bóveda celeste diurna está sujeta a cambios que dependen de la meteorología atmosférica, por lo que no es posible establecer un color permanente definido del cielo ni en pleno día ni, menos aún, en los ocasos o los amaneceres. De hecho, en la Tierra nunca veremos dos iguales… los reflejos de la luz solar en las nubes, la humedad relativa en la atmósfera, las enormes masas de polvo y ceniza volcánica en suspensión e incluso otros factores como la contaminación provocada por la actividad humana, tornan el vívido azul del cielo terrestre en una gama cromática que a veces se podría calificar como una auténtica explosión de colores cuando el Sol sale o se pone sobre el horizonte. Éste es seguramente uno de los fenómenos naturales más espectaculares del Sistema Solar y está al alcance de nuestra vista… aunque quizá no lo valoremos en su justa medida debido a su cotidianidad.

Izquierda: Paisajes diurnos de Marte fotografiados por el ‘rover’ Spirit en 2006. En la imagen inferior izquierda pueden observarse nubes de polvo en suspensión que hacen variar el tono de los colores del cielo sobre una planicie marciana de suelo oscuro. [Fotos: JPL/NASA]. Derecha: Arriba y abajo, diferentes panoramas desérticos del tercio norte del continente africano. El intenso y cristalino azul celeste en ambos casos se debe a una humedad relativa atmosférica muy baja en esas latitudes, donde se ubican la mayoría de las grandes áreas desérticas del Hemisferio Norte terrestre [clic en la imagen superior para ampliar].

La atmósfera marciana es muy tenue comparada con la de la Tierra y, por tanto, el color de su cielo diurno está sujeto a muchos menos cambios. A pesar de ello se produce una variación cromática bien visible entre los amaneceres u ocasos y el pleno día (denominado «sol» en Marte), si a las fotografías enviadas por los rovers automáticos que circulan por el planeta rojo nos remitimos… De un cielo anaranjado o salmón claro habitual en pleno día, que a veces puede verse transmutado en diversos tonos por tormentas de arena o nubes de hielo, a una bóveda celeste de sereno color metálico ligeramente azulado en los amaneceres y ocasos solares en las primeras o últimas horas del día marciano. Otra diferencia con respecto a la Tierra es que en Marte el tamaño aparente del Sol es sensiblemente inferior a como lo vemos en nuestro planeta; aproximadamente dos terceras partes más pequeño debido la mayor lejanía de la órbita de Marte en relación con el Sol, al fin y al cabo el principal protagonista de esta entrada.

Texto e infografía: Paco Arnau / Ciudad futura

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Entradas con la etiqueta ‘Marte’Categoría ‘Cosmos’


[Infografía] Vostok y Mercury: Los primeros pasos de la carrera espacial tripulada (1961-1963)

Sobre estas líneas, infografía comparativa a escala de los primeros programas de vuelos orbitales en los inicios de la carrera espacial tripulada: las naves soviéticas Vostok (1961-1963) y las cápsulas estadounidenses Mercury (1962-1963), junto con sus correspondientes lanzadores. [Infografía: Paco Arnau • Ciudad futura]

En las imágenes de la derecha, el soviético Yuri Gagarin (arriba), primer ser humano en el espacio (12 de abril de 1961), y John Glenn (abajo), primer estadounidense que realizó un vuelo orbital (1962) y el tercer hombre en viajar al espacio (tras Gagarin y Guerman Titov). Gagarin y Glenn son mostrados en estas fotografías en el puesto de mando de sus respectivas naves.

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Ilustración (PDF):
1961: El Hombre en el espacio (infografía sobre el vuelo de la nave soviética Vostok 1)
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Kennedy: «¿Tenemos alguna oportunidad de vencer a los soviéticos?» (Zemiorka)

Ío: un mundo de fuego frente al gélido Júpiter

Ío es el satélite galileano más cercano a Júpiter y fue descubierto por el gran astrónomo italiano Galileo Galilei en 1610. La sonda de la NASA Voyager 1 visitó el sistema planetario de Júpiter en 1979 [véase infografía en ciudad-futura.net]. Esta magnífica imagen es un reprocesamiento digital actual, que se acaba de publicar, basado en los bellos mosaicos de fotografías que envió el Voyager 1 allá por finales de la década de 1970. Una intensa y pertinaz actividad volcánica provocada por las mareas gravitatorias de la gran masa de Júpiter, combinadas con los efectos de las cercanas lunas jovianas Europa y Ganímedes, ha modelado —y sigue remodelando— el aspecto de Ío, el otro cuerpo del Sistema Solar junto con la Tierra que mantiene un vulcanismo activo visible y constatable. La banda más clara de la izquierda son las capas altas de la inmensa atmósfera de Júpiter. Junto a volcanes activos, en la superficie de este mundo de fuego —de tamaño ligeramente superior a nuestra inerte Luna— hay lagos de azufre fundido y lenguas de lava semiviscosa de varios cientos de kilómetros de longitud. [Imagen: ©Ted Stryk, procesada a partir de datos facilitados por cortesía de NASA/JPL. Clic en la imagen para ampliar]

Fuente: Io over Jupiter’s terminator ← Vía: twitter.com/Eurekablog
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+info sobre las misiones Voyager:
Voyager, the Interstellar Mission (JPL/NASA)
Voyagers: 33 years of space flight (infografía de la Agencia Novosti, Moscú)


El otro planeta azul

Neptuno es considerado actualmente —tras ser degradado Plutón a una categoría inferior— el octavo y último planeta del Sistema Solar en orden de distancia a nuestra estrella. Aunque la Tierra es el más grande de los planetas de composición mayoritariamente sólida (los llamados terrestres) y Neptuno el más pequeño de los gigantes gaseosos, gracias a la representación comparativa a escala que hemos realizado de los dos planetas azules podemos constatar que este dios del mar tiene unas proporciones sensiblemente superiores a las de nuestro planeta. Neptuno tiene un diámetro de casi 50.000 kilómetros frente a los 12.756,8 km del diámetro ecuatorial de la Tierra; luego es casi cuatro veces más grande.

Neptuno fue descubierto por el astrónomo francés Urbain Le Verrier en 1846. Este gigante azul ha sido visitado por primera y última vez por la sonda interplanetaria de la NASA Voyager II en 1989, que observó también con detalle a Tritón, su satélite principal. La imagen global de Neptuno de la ilustración está compuesta a partir de las fotos captadas por la cámara de la sonda estadounidense desde una distancia aproximada de 7 millones de kilómetros. La gran mancha que se divisa en la zona ecuatorial de Neptuno es un colosal huracán (allá por agosto de 1989) que ocupa una superfície equiparable a un hemisferio completo de nuestro planeta. La velocidad de los vientos en la activa atmósfera de Neptuno puede llegar a alcanzar la supersónica cifra de 2.000 km/h, debido —según se estima— al flujo de calor que emana del núcleo sólido interno hacia las más que frías capas altas de su atmósfera, con -218ºC de temperatura superficial a causa de la lejanía del Sol.

Las Voyager 1 y 2 —lanzadas desde Cabo Cañaveral en 1977— son desde hace más de tres años naves interestelares debido a que se encuentran fuera de la zona de influencia del Sol. Se espera que la Voyager 2 siga transmitiendo datos hasta 2030 gracias a su longeva pila nuclear de plutonio, unos generadores termoeléctricos de radioisótopos que duran y duran y duran…
[Fotos reproducidas: NASA • Texto e infografías: Paco Arnau / Ciudad futura]

+info: Voyager, the Interstellar Mission (JPL/NASA)
Infografía de las sondas Voyager: Voyagers: 33 years of space flight (Agencia Novosti, Moscú)
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‘He visto a Titán emerger detrás de Saturno’

La frase que da título a esta entrada bien pudiera haber formado parte del famoso monólogo del replicante Nexus-6 Roy Batty (interpretado por el actor holandés Rutger Hauer) en el film Blade Runner de Ridley Scott estrenado en 1982 y cuya acción se desarrolla en un ya no tan futurible Los Ángeles de 2019… el futuro ya no es lo que era y es más que dudoso que la metrópolis californiana sea en apenas nueve años tal y como la describía Ridley Scott en 1982. A pesar de todo, cerremos los ojos e imaginemos —con fondo musical de Vangelis— al líder de los androides biológicos insurgentes proclamando, mientras la vida se le escapa de las manos bajo la lluvia, «He visto cosas que vosotros no creeríais: naves de ataque en llamas más allá de Orión… he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser […]» y añadir «he visto a Titán emerger detrás de Saturno». Pero en realidad quien ha visto esta última escena y nos la ha enviado a la Tierra por telemetría es Cassini, un robot electromecánico de finales del siglo XX dotado de visión y de multitud de instrumentos científicos, llamado así en honor del gran astrónomo franco-italiano nacido en la República de Génova en el siglo XVII.

La misión conjunta de la NASA y de la Agencia Espacial Europea Cassini-Huyggens ha recorrido un largo camino por el Sistema Solar desde su lanzamiento en 1997 para llegar hasta Saturno, su destino y misión principal después de pasar por Júpiter y su sistema de satélites en los albores de este siglo. Hoy, después de haber posado la sonda europea Huyggens sobre la región Xanadu de Titán en 2005, Cassini nos sigue sorprendiendo con imágenes espectaculares de Saturno y los satélites de este gigante gaseoso con tan fotogénicos anillos. En la fotografía que reproducimos sobre estas líneas podemos ver en primer plano [abajo a la izquierda] la blanca luna Tetis delante del sistema principal de anillos de Saturno, que proyecta una colosal sombra sobre el planeta; más allá —gracias a Cassini— vosotros también podéis ver a Titán emerger detrás de Saturno. La imagen fue captada el 24 de marzo de 2008 desde una distancia aproximada de 1,3 millones de kilómetros. [Clic en la imagen para ampliar]

Texto: Paco Arnau / Ciudad futura • Foto: NASA/JPL/Space Science Institute

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Rusia arde

«Rusia arde» y no hablamos de Octubre de 1917, sino de agosto de 2010. La ola de elevadas temperaturas que azota sin tregua desde hace más de dos meses a toda la Rusia europea y que se extiende por Siberia más allá de los Urales, podría considerarse «normal» en un clima continental extremo como el de la Rusia central, con inviernos muy fríos y veranos calurosos (un clima que conocemos bien en Madrid aunque con inviernos algo menos «radicales»). Todo ello a pesar de los tópicos y de las típicas postales de la Plaza Roja cubierta de blanca nieve. Lo que ya no es normal es que no caiga una gota de lluvia en la región de Moscú desde finales del del mes de mayo y que muchos días el termómetro supere los 40ºC, con temperaturas mínimas de 28ºC durante largas noches de insomnio para los moscovitas. La combinación de una prolongada ausencia de lluvias y altas temperaturas es la causa de los miles de incendios declarados y de que el aire se haya vuelto casi irrespirable sin mascarilla en muchos pueblos y ciudades de Rusia, incluída la histórica capital del país de los soviets.

La infografía que os mostramos sobre estas líneas, que representa en Google Maps los incendios activos en el continente europeo cuando empezaba agosto, es lo suficientemente expresiva como para no requerir muchos comentarios. No obstante destacaremos que incluso se observan algunos incendios activos cerca del litoral ártico de Rusia, además de los habituales por estas fechas en España, Italia y los Balcanes. Esta infografía está basada en los datos obtenidos por el sistema espectroradiométrico (perdón por el palabro) orbital MODIS (Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer) instalado en los satélites Terra y Aqua de la NASA. De éste último es la fotografía, publicada en la fecha de este post y que os mostramos a continuación, de los alrededores de Nizhni Nóvgorod (Gorki entre 1932 y 1990), centro industrial de 1,5 millones de habitantes a 400 km de Moscú. La ciudad no se puede distinguir en la foto porque densas nubes de humo la cubren por completo. Los puntos rojos indican los incendios activos en esa zona el pasado 27 de julio…

+info e imágenes: Cherski 2.0 (Русский)MODIS Website (English)
Fuente: Russia on fire / Rusia arde (English/español) ← Vía: gabriel_hgs
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Hubble: 20 años no es nada

«Yo adivino el parpadeo / de las luces que a lo lejos / van marcando mi retorno… […]
Que veinte años no es nada, / que febril la mirada, errante en las sombras, / te busca y te nombra»

Volver (tango de Carlos Gardel)

El Telescopio Espacial Hubble de la NASA cumple en 2010 veinte años en órbita. A lo largo de estas dos décadas de febril actividad el Hubble nos ha enviado miles de fotografías del Universo, muchas de ellas tan sorprendentes como la que os mostramos sobre estas líneas. NGC 4594 —también llamada por los astrónomos «Sombrero Galaxy»— es una galaxia de tipo espiral situada a una distancia de 28 millones de años/luz que desde la Tierra vemos de canto; de ahí su peculiar aspecto aplanado y su castizo nombre.

Se ha calculado que en el centro de la Galaxia del Sombrero debe haber un agujero negro con una masa equivalente a nada menos que mil millones de veces la masa de nuestro Sol. Esta fotografía en espectro infrarrojo fue captada en 2003, pero en realidad nos muestra esta galaxia tal y como era mucho antes de que existiera la especie humana. Su luz tarda 28 millones de años en llegar hasta nosotros.

Aunque «veinte años no es nada», sobre todo si los comparamos con esos 28 millones, la celebración en 2010 del vigésimo aniversario del Hubble puede ser una buen motivo para visitar la galería de imágenes de este gran ojo espacial de febril mirada que adivina el parpadeo de las luces a lo lejos y errante en las sombras las busca y las nombra.

Texto: Paco Arnau / Ciudad futuraFoto: NASA/JPL HubbleSite

+info y galería de imágenes → HubbleSite Gallery

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Los felices 60

Aunque la imagen parece sacada de una representación del movimiento artístico surrealista del primer tercio del siglo XX, en realidad se trata de una ilustración de la NASA de finales de la «década prodigiosa» (1969) sobre las pruebas de movilidad de un prototipo de traje espacial para EVA (Extravehicular Activity). Cuatro décadas menos felices después, cuando el programa espacial tripulado estadounidense toca a su fin, esta ‘amazing performance’ (como diría el amigo Punset) adquiere el carácter de alegoría de otros tiempos en los que todavía había hueco para el optimismo. [Foto: NASA]

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9ec4c12949a4f31474f299058ce2b22a (ya están aquí)

La Administración Presidencial del Premio Nobel de la Paz Barak Obama ha presupuestado para 2011 el gasto militar más elevado de la Historia (no sólo de EEUU): oficialmente 708.000 millones de dólares, que en buena parte se destinarán a las guerras en curso —cuya dirección máxima recae en el citado Comandante en Jefe de las fuerzas armadas estadounidenses— y para dotar de fondos a programas y armas relacionados con otros posibles escenarios bélicos, algunos de ellos novedosos. Este presupuesto implica un incremento significativo si lo comparamos con el gasto militar anual de la anterior Administración republicana de Bush, que oscilaba en torno a la cifra de 500.000 millones de dólares; también destinados a la guerra en su mayor parte y con una política exterior muy similar en los hechos, aunque no tanto en las declaraciones, a la de la Administración demócrata de Obama.

Emblema oficial de Cibercomando de EEUU. Obsérvese que el escudo de armas sostenido por las garras del águila americana, simbolo nacional estadounidense, tiene tres cuarteles más que simbólicos, muy elocuentes. El primero representa a las fuerzas armadas (dos espadas cruzadas), el rayo del segundo cuartel simboliza las operaciones bélicas en el ciberespacio. El tercer cuartel, en la base del escudo o ‘en punta’, representa la llave de la Red global Internet, en poder de Estados Unidos. Estos tres cuarteles figuran en sable sobre campo de plata (en heráldica); o sea, «negro sobre blanco» en toda la extensión del término.

El abultado presupuesto militar de EEUU para 2011 está basado en «la existencia de nuevas amenazas supranacionales», la irrupción de la República Popular China en el escenario mundial como nueva superpotencia global emergente*, así como en la ya conocida doctrina —acuñada a sangre y fuego en los tiempos de Bush— de la «lucha contra el terrorismo y la insurgencia» como eufemístico argumento central… Es decir, dotar de soporte económico a las guerras de EEUU y sus satélites de la OTAN en las estratégicas regiones de Oriente Medio y Asia Central que han causado hasta la fecha bastante más de un millón de muertos en Iraq y en Afganistán (en su inmensa mayoría civiles iraquíes). Otros posibles escenarios de guerra de agresión son Irán o la RPD de Corea, dos nuevos focos de tensión internacional desde el punto de vista de Washington y sus estados vasallos de la OTAN.

En relación con el histórico «patio trasero» del Imperio norteamericano (hoy más bien «patio rebelde»), sobre los «teatros de operaciones» de México, Centroamérica-Caribe y Sudamérica se dice (también de forma un tanto eufemística) que «continuará la cooperación militar con presencia estadounidense limitada en el Hemisferio [de las Américas]»… cooperación militar limitada, de momento… La escalada de la tensión con Venezuela provocada por el régimen de Bogotá, el principal peón de EEUU en el subcontinente sudamericano, no parece indicar buenos augurios. Sigue leyendo

Un grano de pimienta en el espacio

Cuando leemos textos de divulgación científica sobre astronomía, aunque consigamos llegar a aprender y comprender conceptos teóricos con mayor o menor grado de complejidad, nuestra mente se resiste a aprehender o asimilar datos que se expresan con simples cifras basadas en unidades de medida, como la magnitud de los cuerpos celestes o —»más difícil todavía»— las enormes distancias que los separan en un universo como el nuestro, donde el vacío es el gran protagonista a pesar de que en un cielo estrellado sin Luna (Luna nueva) nuestros ojos nos hagan creer lo contrario. [Véase al respecto: «Átomos interpretando su propio origen y evolución»]

Tamaño comparado a escala de diversos objetos en relación con el Sol, varios planetas
del Sistema Solar y su estrella más cercana. Tanto el tamaño relativo de la «cabeza de
alfiler» como el del «grano de pimienta» han sido levemente aumentados en aras de
su propia visibilidad en esta ilustración.
[Infografía: Paco Arnau / Ciudad futura]

Estamos acostumbrados a interpretar e incluso a calcular mentalmente distancias y magnitudes usuales en la vida cotidiana con poco margen de error. Los delineantes eran capaces de distinguir en un plano arquitectónico, a simple vista y con total seguridad, una línea de una décima de milímetro de grosor de otra de dos décimas de milímetro (0,1-0,2 mm). Un buen sastre «de los de antes» sabía la talla del cliente nada más verlo entrar por la puerta del establecimiento. Un diseñador gráfico actual debería distinguir a la perfección un cuerpo de letra de 10 puntos tipográficos con una simple mirada. Los antiguos exploradores calculaban días de marcha hacia un lugar lejano visible en el horizonte con un margen de error mínimo… y podríamos seguir con multitud de ejemplos.

Magnitudes astronómicas

Pero todo cambia para nuestra mente, experta en el cálculo de proporciones terrestres y cotidianas tras cientos de miles de años de evolución e interacción con el mismo entorno, cuando las magnitudes son astronómicas. Seguramente es por eso que cuando utilizamos la expresión «cifras astronómicas» nos solemos referir a cantidades de dinero que escapan a nuestra comprensión… limitada por los magros ingresos de la mayoría. El límite suele estar situado en cifras que superen los seis ceros a la derecha (si hablamos de euros o dólares)… Esto también puede valer para las magnitudes espaciales astronómicas.

Podemos hacernos una idea cabal de la distancia que nos separa de la Luna cuando nos dicen que nuestro único satélite natural está a unos 380.000 km; no se trata de una cifra inabarcable para nosotros, seamos aficionados o no la astronomía, al fin y al cabo podemos ver la superficie de la Luna con cierto detalle muchas noches al año e incluso una docena de seres de nuestra especie han llegado a caminar o a conducir vehículos sobre sus estériles planicies. Incluso los automóviles terrestres pueden llegar a alcanzar esa cifra de 380.000 en su cuentakilómetros, aunque en los modelos que se fabrican actualmente esto sea algo cada vez más inusual. Sigue leyendo